agosto 11, 2012

La imposición de la idiotez

Luis F. Lozano Olivares (@LlozanoO)
Abogado y opinante
llomadrid@gmail.com
Excélsior

Los perredistas en general, pero AMLO en particular, son expertos en generar percepciones. Así es como hacen y han hecho política. Por eso no se les da la institucionalidad, porque para ser institucional hay que funcionar de acuerdo con el marco del derecho y la realidad.

La izquierda en Europa ha pasado por esto muchas veces: la tentación de imponerse por el solo hecho de considerarse poseedor de la razón, como si la realidad no les aplicara nunca por vivir en el mundo del deber ser. A eso atribuyo el hecho de que gente pensante de la izquierda mexicana siga a un merolico profesional que los engaña al hacerse poseedor de lo que, supuestamente, debe de ser. No ha importado que AMLO haya demostrado en los hechos lo contrario a lo que predica. Se asume liberal, pero no es institucional y otras características que don Enrique Krauze ha expuesto mucho mejor de lo que yo lo haría en su artículo El Pueblo soy yo, publicado en Letras Libres.

¿Cómo es que tanta gente pensante y culta lo acompaña hasta el momento en el que estamos? Alguna analista política pide agradecer a AMLO que se limpie la elección, como si AMLO no fuera un participante y producto de la política de los últimos 35 años. AMLO pierde y sataniza las prácticas que él mismo cometió, sólo que de manera menos exitosa y entonces es el adalid de la pureza. AMLO anuncia que el único acuerdo posible es la invalidez de la elección, cuando no ha aportado argumento y prueba jurídica viable para que el Tribunal resuelva en ese sentido. AMLO pide la lucha contra la imposición, tratando de imponer su propia postura mediante la desacreditación irresponsable y la percepción de una conspiración en su contra. Siempre acusa lo mismo que genera.

¿Cuánto daño se le puede hacer a terceros durante esta aventura del mesías? ¿No se da cuenta de que sus palabras combinadas con la imbecilidad de algunos seguidores generan violencia en contra de personas y empresas mexicanas a las que no se le ha probado nada? Valientes liberales, progresistas y republicanos tiene AMLO entre sus seguidores. El líder es tan incluyente que se aceptan racistas, fascistas y antisemitas dentro del “movimiento de izquierda”, sin que los intelectuales dediquen un enunciado.

Si la crítica es contra la calidad de nuestra democracia estoy de acuerdo, pero no podemos descalificar todo. Los principales responsables son los partidos políticos que incorporan y promueven políticos de baja calidad. Los siguientes culpables somos los mexicanos que votamos por ellos. Vea usted los nombres que han llegado a los congresos, con los votos directos e indirectos de los mexicanos. Ahora, si la discusión es sobre la pureza en la política, más vale que la gente preocupada por ello vaya comprando un terreno en Marte, porque la política es sucia y dura en todos los países del mundo, aunque, en muchos, con mejor calidad.

AMLO tiene derecho a impugnar y a presentar pruebas, no a desacreditar personas y empresas con mentiras y marrullería. La valoración de pruebas es el trabajo del Tribunal y dictará sentencia de acuerdo con los argumentos y pruebas de las partes. Los juicios se ganan con pruebas y no con percepciones. Las democracias, las leyes y las instituciones son imperfectas por naturaleza; buscar su mejoría debe ser obligación de todos, pero no a costa de anular todo lo hecho o a costa del derecho, prestigio o trabajo de terceros.

Imagine usted cómo hubiese reaccionado AMLO como Presidente a una negativa del Poder Legislativo; afortunadamente perdió.

El #132, el pan y el circo

Hugo García Michel (@hualgami)
hgarcia@milenio.com
Cámara Húngara
Milenio

1. Para el momento en que usted esté leyendo esta columna, muy probablemente ya se sepa el resultado de la final olímpica de futbol entre México y Brasil. Millones de personas en el país habrán visto este partido y buena parte lo habrá hecho, ¡oh!, por Televisa. Si la selección nacional ganó o perdió, de todos modos la gran mayoría de los mexicanos habremos estado atentos a las incidencias del juego, incluso aquellos que han llamado insistentemente a boicotear a la televisora.

2. El martes 31 de julio, en mi columna “Gajes del orificio” de la sección Hey! de este mismo diario, escribí en buenos términos sobre el festival de rock Corona Capital que se llevará a cabo en octubre próximo. Me sorprendió recibir enseguida varios insultos, sobre todo en Twitter, en los cuales me llamaban “vendido”, “lamebotas” y algunos epítetos todavía más finos. No entendí las razones de ello, hasta que alguien me explicó que dicho festival está siendo boicoteado por el movimiento #YoSoy132, debido a que “Televisa posee 40 por ciento de las acciones de Ocesa”, la empresa que organiza el magno concierto. Es decir que de inmediato me convertí en cómplice de ambas compañías y por tanto en una especie de traditore. Luego supe que lo de los presuntos intereses de Televisa en Ocesa también fue publicado por la revista Proceso, en un “análisis” (es un decir) del reportero Juan Pablo Proal intitulado “Ocesa: la prostitución de la música”, ejemplo claro (el texto es por demás tendencioso y falto de rigor) de lo que no debe ser un reportaje (podría ser mostrado en las escuelas de periodismo como una muestra de lo que no se debe hacer).

3. Juegos Olímpicos, final México-Brasil, festival Corona Capital, espectáculos que para los políticamente correctos son sinónimo de manipulación, corrupción, imposición, etcétera. Aseguran que es una cortina de humo. Pan y circo lo llaman. Igual y sí. Pero, ¿no nos hace buena falta distraernos un poco para descansar de la desgastante farsa poselectoral que estamos padeciendo? La verdad, entre Monreal y Oribe Peralta, me quedo con “El Cepillo”.

Las rechiflas del PAN

Ivonne Melgar (@IvonneMelgar)
Retrovisor
Excélsior

Lo que más pesa ahora es la gestión de Calderón en el PAN durante su sexenio, porque a diferencia de Vicente Fox, el segundo mandatario panista sí conoce al partido.

En la peligrosa frontera del juzgador que es juzgado, el presidente Felipe Calderón dará apertura este sábado al epílogo sin gloria del paso del PAN por el poder.

Formado en las batallas partidistas y operador central de los acuerdos que marcaron la historia de la alternancia blanquiazul, el también ex dirigente panista participa hoy en el primer Consejo Nacional, después de la derrota electoral de hace seis semanas.

Acude con el objetivo declarado de definir los cambios que garantizarían al PAN la competitividad perdida.

Y con el deseo de evitar un linchamiento y frenar cualquier narrativa que le endose la factura del tercer sitio al que fueron relegados por el fallo de las urnas.

Porque la suerte de su imagen como ex presidente de la República no dependerá únicamente de una buena transición con Enrique Peña Nieto. También contará el veredicto de los suyos. Eso es lo que ahora está en juego.

Calderón se lanzó inicialmente con un diagnóstico en el que se colocó por encima del tiradero y a la cabeza de la reconstrucción del PAN. Sin embargo, no consiguió ser seguido al unísono por sus correligionarios en la idea de cubrir ese propósito antes del primero de diciembre.

Más que resistencia a una refundación del partido “en caliente”, como lo pidió esta semana a los legisladores electos, hay entre los panistas no calderonistas, que al parecer son muchos, rechazo a la pretensión de que el Presidente actúe solo como el juez de “los responsables” del mal saldo electoral, sin asumir su parte.

Y vaya que lo intentó. Pero el alegato de Los Pinos de que la derrota de Josefina Vázquez Mota se debió a que no hubo una férrea defensa de lo hecho por Calderón, profundizó aun más la herida de quienes hablan de abandono gubernamental y presidencial hacia la candidata.

No se trata de un cuchicheo. Un documento de los 142 integrantes de la bancada del PAN en San Lázaro ventiló el jueves un nunca más a una campaña sin respaldo y el coordinador, Carlos Pérez Cuevas, levantó la voz para reclamar una autocrítica del gobierno que, sin duda, dijo, contribuyó al resultado electoral.

Pensar que la derrota se debió a que no se le apostó al continuismo, sostuvo el diputado, “es no entender lo que pasó”.

Sí, la disputa blanquiazul ha subido de tono y en el blanco de la misma se encuentra el Presidente y el balance de su gestión. Y no sólo como gobernante.

Lo que más pesa ahora es la gestión de Calderón en el PAN durante su sexenio, porque a diferencia de Vicente Fox, el segundo mandatario panista sí conoce al partido y siempre estuvo al frente de los movimientos que marcaron la vida blanquiazul: los relevos en la dirigencia, la selección de candidatos estatales y el grado de apoyo para éstos.

Bien lo saben aquellos que desde las esferas del gobierno federal canalizaron millonarios apoyos para Luisa María Calderón, hermana del Presidente, cuando buscó la gubernatura de Michoacán.

Esas mismas fuentes cuentan que, para su sorpresa, nunca fueron requeridos para manifestarse a favor de Vázquez Mota. Ni para hacer bola.

¿Por qué dejaron sola a la candidata? La interrogante sigue ahí como un inciso más del balance intrapartidista pendiente.

Resulta sintomático y revelador, mientras tanto, que el Presidente ventile su molestia con el lema de presentación de la ex abanderada, “Josefina diferente”, atribuyéndole a éste la mala cosecha de los votos.

Y acaso en ese episodio se resuma el conflicto de una gestión presidencial que no quiso convivir con los diferentes, que fue conformada por los cercanos y afines, y que trasladó al PAN la búsqueda de una concepción de lealtad equiparable a un acrítico cierre de filas.

Pero esa lealtad partidista fracasó. Ni Germán Martínez ni César Nava, presidentes panistas con el aval de Calderón, lograron la competitividad partidista que este sábado se le quiere reclamar a Gustavo Madero.

Lo mismo ocurrió con el ex presidente blanquiazul Manuel Espino, al inicio del sexenio, cuando se le cobró la derrota panista en Yucatán.

Hubo entonces una escena que amerita recordarse justo este sábado que las pulsiones estalinistas rondan al PAN.

Sucedió el 2 de junio de 2007, en León, en la XX Asamblea Nacional: Espino, aún dirigente del partido, fue humillado con una rechifla en la ceremonia de apertura.

Mientras le expresaba su reconocimiento al presidente Felipe Calderón, quien hizo en la capital de Guanajuato una escala, para luego emprender su gira por Europa, el ahora peñista recibió un abucheo cuya sonoridad y despliegue desmentían a quienes comentaron que se trató de un acto espontáneo.

La rechifla, trascendió, se organizó por los calderonistas desde el mismo avión presidencial.

Nunca en la vida del PAN había ocurrido semejante atropello, se quejó doña Elena Álvarez ese mismo sábado. Diego Fernández de Cevallos y Santiago Creel igualmente impugnaron la saña.

Con una rechifla se abrió el prólogo del capítulo calderonista en el PAN.

Y hoy que resulta obligado evaluar la silbatina que representó la derrota electoral; distinguidos leales al Presidente pretenden repetir la hazaña, bajo la ilusión de que un abucheo a Madero le despejará el camino.

Libertad de expresión

Jaime Sánchez Susarrey (@SanchezSusarrey)
Reforma

Se deben eliminar de la Constitución los artículos contra la libertad de expresión y derogar el principio que erige al IFE y al Trife en comités inquisitoriales. Es hora de desregular y simplificar

La contrarreforma electoral de 2007 elevó a rango constitucional dos preceptos. El primero fue la prohibición de que particulares (personas físicas o morales) compren tiempos en medios electrónicos durante las campañas electorales para hacer propaganda, a fin de impedir que influyan en el ánimo de los electores.

La razón de este impedimento, que se introdujo por primera vez en el código electoral en 1996, era muy simple: preservar la equidad entre los partidos contendientes. Se quería conjurar el riesgo de que los particulares actuaran como mampara de los partidos e incrementaran, así, los tiempos y la propaganda de alguno de ellos.

Pero además, se quería impedir que la plutocracia -los ricos- pudieran tener injerencia en el debate ideológico y político para inclinar la balanza en un sentido o en otro. El argumento rechinaba de "limpio": sólo los ricos pueden darse el lujo de comprar spots, por lo tanto, limitar ese derecho equivalía a suprimir un privilegio.

La experiencia y la historia no avalaban ninguna de esas tesis. En México la desigualdad, que no inequidad, databa y se fundaba en la simbiosis del PRI con el Estado. La elección de 1994 fue particularmente clara: por cada peso que se gastó en la campaña el PRI dispuso de 75 centavos contra 25 centavos que gastaron todos los partidos de oposición. La proporción fue de 3 a 1.

Por eso la reforma de 1996 estableció tres mecanismos fundamentales: 1) financiamiento público para todos los partidos; 2) que el 30 por ciento de esos recursos se entregaran en forma igualitaria entre todos los partidos; 3) que el 70 por ciento restante se distribuyera en forma proporcional a la fuerza de cada organización.

El primer efecto de esa reforma se hizo sentir en 1997, cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, Cuauhtémoc Cárdenas ganó la jefatura de Gobierno en la Ciudad de México y el PAN obtuvo las gubernaturas de Querétaro y Nuevo León.

No había, por lo mismo, en la historia ni en el horizonte real de la política ningún resquicio para que la plutocracia hiciera valer el poder del dinero y se convirtiera en factótum de los procesos electorales. No había sido así en el pasado y no tendría por qué ser así en el futuro.

De hecho, los supuestos de la argumentación eran completamente falsos. Era, y es falso, que sólo los ricos pueden tener acceso a la compra de tiempo en medios electrónicos. En una sociedad democrática y plural hay organizaciones sindicales, gremiales o civiles que tienen enormes recursos que les permiten acceder a esos espacios.

Esas organizaciones, que pueden incluir a ciudadanos organizados que se juntan para difundir un mensaje o promover una agenda legislativa, tienen todo el derecho de defender sus intereses y principios e intentar hacerlos valer en tiempos electorales.

De manera tal que la restricción del derecho a comprar espacios en radio y televisión constituye un atentado contra el derecho a la libertad de expresión.

De ahí que resulte insostenible que ese derecho se le expropie a la sociedad y se deposite en las organizaciones políticas que, a su vez, lo depositan en las cúpulas burocrático partidarias.

Pregunta elemental: ¿por qué, mientras al Partido Nueva Alianza se le otorgan recursos públicos para defender su agenda y sus intereses, una organización como Mexicanos Primero no tiene derecho a criticar al sistema educativo y al SNTE en tiempos electorales? No hay explicación racional.

O para no ir tan lejos, por qué el movimiento del Voto Nulo en 2009 no tuvo derecho a promover su crítica a la clase política y al sistema de partidos mediante spots en radio y televisión.

¿Se trataba de ciudadanos de segunda? ¿Eran irresponsables que promovían la violencia? No, pero la actual legislación crea ciudadanos de primera -los organizados en partidos políticos-, que tienen derecho de contratar espacios en medios electrónicos, y ciudadanos de segunda que deben acatar y callar.

A lo anterior se suma una joya mayor, también elevada a rango constitucional en 2007: se prohíbe a los partidos y candidatos denigrar a otros partidos o candidatos. Y para evitar que eso ocurra se erigen al IFE y al Trife en censores de los spots que se transmiten en tiempos electorales.

Como consecuencia de este brillante ordenamiento se han registrado una serie de fallos que son dignos de Macondo. El Trife anuló la elección en Morelia en 2011 porque un boxeador en Las Vegas portaba un logo del PRI en su calzoncillo y la televisión transmitió la pelea. Se habría roto así la equidad.

Sin embargo, ese mismo hecho fue descartado como causal de nulidad de la elección para gobernador en Michoacán en ese mismo proceso electoral. Por qué en un caso fue relevante y en el otro no, sólo Dios lo sabe.

En la pasada contienda electoral el IFE multó al PRI y retiró un spot en que denunciaba el charolazo que colaboradores muy cercanos de AMLO organizaron con un primo de Santiago Creel. Pero el Trife invalidó esa multa y estimó que no había razón para sacarlo del aire.

Ahora, Monex, Soriana y Carmen Aristegui se han inconformado con un spot poselectoral del Movimiento Progresista, pero la Comisión de Quejas del IFE consideró improcedente la demanda.

No se puede descartar que el día de mañana el IFE o el Trife considere que, en efecto, el reclamo de Soriana, Monex y Aristegui sí tiene fundamento y se debe multar al Movimiento Progresista y sacar el spot del aire.

Todo esto conlleva una lección muy simple. Se deben eliminar de la Constitución los artículos contra la libertad de expresión y derogar el principio que erige al IFE y al Trife en comités inquisitoriales. Es hora de desregular y simplificar.