agosto 14, 2012

El "maximato" de Calderón

Alejandro Ramos
Calle México

En el cierre de su mandato, al presidenteFelipe Calderón no le cuadran las cosas y según algunos panistas, ha renacido en él su"espíritu priista" y trata, como en su momento lo hizo el "jefe de jefes" del tricolor, Plutarco Elías Calles, de crear su propio maximato.

Calles, impulsor del Partido Nacional Revolucionario, antecedente directo del PRI, fue presidente de México en el cuatrienio 1924-28, pero luego del asesinato de Álvaro Obregón influyó de manera decisiva durante seis años más en los gobiernos bianuales deEmilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez.

Esta marcada influencia de Calles, quien había subordinado a los militares que habían participado en laRevolución al mandato civil, lo llevó a ser considerado el "jefe máximo" y como tal ejerció un poder personalista y autoritario.

Pero como todo por servir se acaba, el maximato ejercido porCalles finalizó cuando el general Lázaro Cárdenas llegó a la Presidencia de la República y lo expulsó del país poniendo fin a los gobiernos de corte militarista y perfilando los llamados "institucionales".

Claro queCalderón no es Calles ni el PAN se asemeja a lo que fue elPNR, pero en lo que sí hay coincidencia, según se quejan algunos panistas, es que el actual ocupante de Los Pinos busca mantener el control de su partido.

De hecho, Calderón, luego de la controvertida elección que lo llevó a la Presidencia del país en 2006, se hizo del gobierno y casi de inmediato de la dirigencia del PAN, al influir de manera decisiva para expulsar a Manuel Espino y, como Calles en su momento, colocar a sus más "leales".

De este modo, Calderón impulsó al liderazgo nacional del PAN a Germán Martínez Cázares, su primer secretario de laFunción Pública y quien salió de la dirigencia del albiazul luego de la estruendosa derrota que sufrió el PAN en las elecciones intermedias de 2009.

Para sustituir a Martínez Cázares, desde Los Pinos se impulsó a César Nava, quien dejó de ser secretario particular de Calderón para ocupar la dirigencia del partido.

Lo malo para Calderón fue que al igual que a Martínez Cázares, a César Nava se le hizo bolas el engrudo y siguió acumulando derrotas electorales, además de haber sido protagonista de acuerdos en lo oscurito en torno a la negociación de alianzas con el PRD y compromisos no cumplidos con el PRI, en los que sirvió como "testigo de honor" el entonces secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont.

Después de este escándalo-fracaso,César Nava tuvo que salir por piernas y Calderón trató de sustituirlo con Roberto Gil Zuarth, quien por entonces fungía como su secretario particular.

Sin embargo, luego de tanto intento fallido, encontró oposición en algunos segmentos del albiazul, que impulsaron la candidatura de Gustavo Madero para ocupar la dirigencia del partido, lo cual descarriló las aspiraciones deGil Zuarth.

Cordero, el "delfín" que no pudo ser

Ya con la carrera presidencial encima, y con aspirantes incómodos como lo fueron Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota, Calderón buscó impulsar a su "delfín", el exsecretario de Hacienda Ernesto Cordero, pero a éste no le alcanzaron las influencias de Los Pinos y perdió la candidatura frente a "Chepina", que a su vez resultó derrotada no sólo por el priistaEnrique Peña sino también por el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Esto significó una debacle electoral para el PAN, que de partido en el gobierno cayó a ser la tercera fuerza política del país, se sumió en una crisis de la cual no puede salir y es escenario de una batalla no tan soterrada entre calderonistas y los que se oponen a que el que ya casi expresidente se apodere del albiazul.

Presa de un activismo que ya no guarda las formas ni las horas de trabajo, Calderón se ha reunido en las últimas semanas con dirigentes delPAN tanto en el interior del país como en la residencia oficial de Los Pinos con un exhorto recurrente: hay que actuar rápido ya que se requiere"refundar al partido", aunque luego corrigió y dijo que le llamen como quieran, hasta "manita de gato", pero que se hagan los cambios porque el tiempo apremia.

Uno de sus fieles escuderos, el expriista Javier Lozano, electo senador porPuebla, no tuvo empacho en expresar que Madero tiene que irse ya, que es necesario hacer un corte de caja y actuar desde ahoracon miras a las elecciones estatales que habrá el año próximo.

Madero y algunos panistas de viejo cuño rechazan estas pretensiones y así se lo han hecho saber a Calderón, quien sostiene que no está empeñado en que los cambios en el PAN se hagan antes de que él deje el poder, ya que cuando eso suceda "tendré más tiempo para la grilla".

Liderazgos en el Congreso, otra batalla deLos Pinos

Al propio tiempo, Calderón busca impulsar al ahora virtual senador Ernesto Cordero como líder de la bancada panista en la Cámara alta y aJosé González Morfín como "pastor" de los diputados, pero lo mismo que en sus intentos de refundar el PAN a la voz de ya, ha pinchado en hueso.

Madero, quien es ya su abierto opositor, con el apoyo de panistas de viejo cuño, sostiene que los tiempos del partido los marcan los estatutos y la dirigencia, así como los nombramientos de los coordinadores parlamentarios.

Insiste en que no hay ninguna prisa y que las decisiones del partido corresponden a su militancia y a su dirigencia, no a la Presidencia de la República.

No obstante ello, Calderón no se da por vencido y hasta participa en bohemiadas con los panistas, siempre con la insistencia de que al partido le urgen los cambios y ya no hay tiempo que perder.

Calles resultó expulsado del paíspor Cárdenas, quien de ese modo terminó con el maximato de los años treinta.

El futuro presidente del país, Peña Nieto, es de otro partido y no tendría necesidad de proceder de una manera similar.

El reto que enfrenta Calderón está dentro de su propio partido, donde hay quienes le reprochan haber ejercido una presidencia al estilo priista y ahora pretender un maximato que no tiene viabilidad ni razón de ser.

Para estos grupos, que son crecientes dentro del albiazul, el mejor destino para Calderón es que se concreten sus planes de ir a dar cátedra a unauniversidad del extranjero y cumplir así con un decoroso exilio académico y que le deje la política y la recomposición de su partido a los panistas. Sin embargo, la lucha interna continúa y todavía no hay nada escrito.

Loar la ley y rechazarla

Rafael Cardona (@cardonarafael)
racarsa@hotmail.com
El cristalazo
La Crónica de Hoy

El resultado electoral no puede ser otro sino el previamente sentenciado por quien lo determinó ilegal desde antes de la intervención judicial. Cualquier otra cosa es obra de la mafia.

En el Zócalo de mejores tardes Andrés Manuel ha rechazado desde ahora el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuyos integrantes, con su presidente, Alejandro Luna Ramos, —a la cabeza— ya habían sido descalificados desde julio por los miembros del Movimiento Progresista.

“No vamos a aceptar —ha dicho el adalid perdidoso— ninguna argucia legaloide que permita que se viole la Constitución”.

Su prensa promotora lo publicó de este modo:

“Los magistrados del tribunal electoral tienen en sus manos la posibilidad de reencauzar al país hacia la libertad y la democracia, por lo que deben ser muy cuidadosos en su respuesta” a las miles de pruebas que presentó el Movimiento Progresista del fraude en las elecciones presidenciales del mes de julio, advirtió Andrés Manuel López Obrador.

“Ante un Zócalo lleno, el tabasqueño sostuvo que no hay modificación alguna en la dirección de la estrategia política para invalidar la elección, nombrar un gobierno interino y que sea éste el que convoque a nuevas elecciones, por lo que reiteró a sus seguidores “no caer en provocaciones” y seguir la lucha:

“¡No vamos a suicidarnos políticamente, a nuestros detractores no les gusta que impugnemos el proceso electoral, ellos quisieran que siguiéramos por otros caminos, esperaban que después del fraude llamáramos a la violencia, pero se van a quedar con las ganas porque nuestro movimiento ha sido, es y seguirá siendo pacífico!”.

“Al participar en el Expo Fraude que se instaló en la explanada del Zócalo, López Obrador insistió en que no va cejar en su empeño por restaurar la democracia en el país”.

En las condiciones de jolgorio febril de su “Expo fraude”, en el Zócalo, una idea realmente imaginativa —una especie de kermesse para los inconformes— en la cual los artículos promocionales de una campaña fueron exhibidos como automáticas evidencias de compra de votos y por tanto elementos probatorios procesalmente válidos en un tribunal de término, López Obrador ya se adelantó al fallo.

Y no lo hace por anticiparse como cartomántico infalible o vidente perfecto, sino por saber, en el fondo, lo feble de sus argumentos jurídicos, a los cuales opone la fortaleza de su presencia movilizadora; su capacidad infinita de movilización de masas agradecidas con tarjetas de ancianidad remunerada o reparto de espacios en la amplia pradera de las prebendas de la informalidad.

Andrés Manuel no conoce, lo hemos visto en reiteradas ocasiones, otra política sino la del movimiento constante. Por eso se llama así su organización: Movimiento Progresista. En términos gramaticalmente más exactos debería llamarse “Movimiento progresivo”.

Sin embargo, un rasgo permanente de su activismo siempre es de agradecerse: Andrés Manuel, como en el Zócalo, ante una asistencia considerable si se toma en cuenta la cruda secuela dominical y “chelera” de los festejos por el triunfo de los “verdes” en Londres, siempre anuncia sus movimientos. Con él no hay lugar ni para la sorpresa ni para la improvisación.

Ya lo ha dicho: no vamos a aceptar “argucias legaloides”.

Una de esa artimañas, recursos, chicanas o como se les quiera llamar es la negativa a anular las elecciones. El resultado electoral no puede ser otro sino el previamente sentenciado por quien lo determinó ilegal desde antes de la intervención judicial. Cualquier otra cosa es obra de la mafia.

En este sentido los términos están enrevesados.

Uno acude a un tribunal en espera de la conclusión legal de un proceso cualquiera. En este caso sucede lo contrario, el tribunal debe consagrar judicialmente una inconformidad política. Si no lo hace lo desconozco tanto como hice con las autoridades bajo cuya supervisión se realizó el proceso impugnado. En esas condiciones Andrés Manuel vuelve a quedar en el papel cuya hondura dramática mejor representa: el hombre sólo contra el mundo armado únicamente con el refulgente escudo de la verdad.

—¿De cuál verdad?

—De la suya. Ninguna otra existe, ninguna otra es real, ninguna otra se puede admitir. Un mundo perverso en el cual las fuerzas del mal conspiran todas en contra del “pueblo bueno” (representado por él, y nada más por él); donde se unen las televisoras, las estaciones de radio, la prensa venal, los votantes ilusos, los ciudadanos masoquistas; aquellos quienes añoran la corrupción (de los otros), las encuestadoras, los promotores de la mentira reaccionaria, las iglesias, el clero católico, el Instituto Federal Electoral y ahora el tribunal de elecciones; todos están equivocados y nos quieren sorprender con una “argucia legaloide”, expresión para sustituir el algoritmo de hacer un sexenio.

Así pues, aguardemos con paciencia los bloqueos, tomas callejeras, obstáculos a la vialidad y el comercio; el saqueo de tiendas, el secuestro de clientes, las clausuras de supermercados en municipios perredistas; en fin, todo el catálogo de expresiones “pacíficas” con los cuales el caudillo nos anuncia la perpetuación de su movimiento inconforme.

¡Ah!, falta la inevitable visita a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la adhesión de varias decenas de organizaciones internacionales de corte similar.

Dios los cría…

Partido y gobierno, el mandato

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

El Consejo Nacional del PAN resolvió el pasado fin de semana formar una comisión de Evaluación y Mejora del partido, a fin de llevar a cabo una consulta amplia que mejore su funcionamiento y el de sus gobiernos. Proponer las acciones necesarias que le permitan cumplir con su agenda democratizadora, y las medidas encaminadas a recuperar los valores contenidos en los principios de doctrina y la ética como condición preeminente de la acción política, así como una reforma normativa.

Esa es la dimensión de la tarea encomendada y no la refundación del partido, empeño éste con el que pretendió asemejarse a los fundadores el presidente Felipe Calderón. En realidad, él mismo retiró desde antes de que sesionara el Consejo Nacional la idea refundacional; porque midió la resistencia que generó que él la propusiera. No tanto por su acepción; en realidad, mortificó la estrategia de enfocar baterías hacia la responsabilidad del partido por los resultados electorales, y no asumir la responsabilidad del gobierno en la pérdida de confianza de los electores.

Cuando el presidente Calderón habla del partido y la campaña, es duro, pero es exacto sobre el deterioro y los males que aquejan al partido; también tiene puntos acertados cuando critica los errores y las indefiniciones de la campaña presidencial. Sin embargo cuando se trata de la responsabilidad del gobierno en la derrota, no sólo es laxo, sino auto-complaciente; él mismo se evalúa y obtiene los mejores resultados. No se asoma en el Presidente la más mínima intención de auto-crítica; la mayor falla que reconoce es no haber atinado a comunicar los logros de su gobierno y donde logró comunicar, el partido no supo conectarlos electoralmente. De aquí el exceso de su auto-evaluación: el mayor desatino es no haber ofrecido a los electores la continuidad de su gobierno.

Y ésta discusión a mí me parece esencial, determinar con toda claridad las acciones que nos fueron desdibujando ante los ciudadanos en todos los ámbitos de nuestra actuación, de ahí que celebre que el mandato del Consejo a la Comisión se haya extendido a analizar no sólo al partido, sino a sus gobiernos, contra la pretensión calderonista de concentrarnos sólo en las desviaciones partidistas para atajarlas con una reforma de estatutos. Porque luego se habla desde cúspide moral, y se señala con tal fuerza las miserias del partido y la perversión de una militancia de ocasión, como si sobre Av. Reforma en el DF no se alzara una estela de luz como monumento a la inutilidad y a la corrupción, y como si el padrón del partido no estuviera engrosado de los padrones de beneficiarios de Oportunidades y del 70 y más.

Ese deslinde es esencial, si no queremos volvernos a equivocar. Nada se quiere decir de la estrategia militar, convertida en guerra, en materia de seguridad pública y combate al narcotráfico, que no sólo se convirtió en el discurso monotemático del sexenio ahogando la difusión de otros logros ciertos en salud, infraestructura, programas sociales, economía, sino que además vulneró esencialmente nuestra apuesta doctrinal, ideológica y programática por los derechos humanos. El Estado de excepción se hizo permanente los seis años. En el saldo de decenas de miles de muertos, y otras tantas de mutilados y heridos, varios miles son de víctimas inocentes, pero todas, personas a las que su categorización más ínfima no les quita su derecho a la vida ni al Estado justifica el atropello de sus derechos. Esta guerra tuvo su impacto electoral indiscutible.

Sin desperdicio para el análisis que realice la Comisión, Lorena Becerra y Rafael Giménez, los dos ex coordinadores de opinión pública de la Presidencia de la República, han escrito un gran artículo en el que aportan luces brillantes. Especialistas en la materia, acuden a numerosas encuestas de opinión que muestran “una y otra vez que los mexicanos deciden sobre su gobierno con los temas económicos y más recientemente con los de inseguridad en su mente”.

“Las miles de muertes que están presentes en el imaginario colectivo pesan más que los cientos de miles de kilómetros construidos en carreteras. Y, por mucho, la percepción de falta de empleos y bajos salarios permanecen como preocupación constante en la vida cotidiana de cada persona que tiene que luchar diariamente para llegar a fin de mes”.

Los dos ex-colaboradores del Presidente refutan la tesis de que la oferta de continuidad “era el camino para que el PAN tuviera una oportunidad de gobernar por un tercer sexenio”. El ejemplo es demoledor: “...el representante perfecto de continuidad del proyecto del presidente Felipe Calderón era Ernesto Cordero.... No obstante, el proyecto de continuidad no ganó adentro del partido... Ganó la oposición interna abanderada por Josefina. Si esta continuidad clara no contó con apoyo dentro de los mismos panistas, ¿por qué sería bien recibida en la población abierta?”

Determinar en qué momento se perdió el partido y dónde fracasó el gobierno son los dos ámbitos de la tarea que esta comisión tiene, y a la que han sido llamados 20 distinguidos miembros del partido. Lo importante es que se ha atajado la premura con la que se quería convocar a una Asamblea para noviembre. Sin irnos a las calendas griegas, ésta se deberá verificar a más tardar en marzo de 2013, previo informe que la comisión presente al Consejo Nacional a mediados de octubre próximo. Buena decisión la de los consejeros nacionales, un proceso de reflexión sereno, pero franco; en unidad, pero sin sometimientos; sin prisas, pero sin pausa.

Del alma nacional

Federico Reyes Heroles
Reforma

La justa fue emocionante. El primer minuto sorpresivo. Pero después entró el terror: el "Síndrome Mexicano" podría atacar. Cuál es ese síndrome: relajarse por los vientos favorables, hundirse ante la adversidad. Pero los jóvenes mexicanos ya habían dado muestras de llevar otro chip. Ante la adversidad inicial frente a Corea sacaron la casta, no se relajaron. Siguieron adelante tratando de dar lo mejor de sí mismos. Buena noticia.

No hablamos de una figura. Hay 18 jugadores que integraron un equipo de verdad. Se dice fácil pero es conocida nuestra dificultad para los logros colectivos. No que lo primero esté mal, pero socialmente hablando lo segundo es muy significativo. De distintas zonas de la República, de diferentes orígenes sociales, los jóvenes mexicanos lucieron en conjunto. Por supuesto el que anota resalta, pero qué decir del portero, de la defensa, de la media cancha, de la coordinación que, cuando fallida, aceptaba correcciones. Los protagonismos quedaron aparte. La derrota o la victoria o era de todos, o no sería. Hoy todos ocupan un lugar en la historia deportiva que jamás hubieran obtenido con desplantes individualistas. Buena noticia.

Los coreanos son duros, pero lejanos. Los brasileños son cercanos y amenazantes. Sumémosle la excelente venta del Brasil reciente, de los famosos BRIC's. Brasil será sede de los próximos Juegos Olímpicos y del próximo Mundial a pesar de que los índices de violencia son superiores a los nuestros. En ingreso per capita y en el Índice de Desarrollo Humano o en alfabetización están por debajo. Pero en futbol sí son estrellas, ni hablar. Sin embargo los jóvenes mexicanos no se amilanaron. Se mostraron como miembros de pleno derecho del mundo. La mayoría es generación post TLC. Crecieron con el mundo en sus pantallas y en la comparación permanente. Nada de mirarse al ombligo como forma de vida. México en el mundo y el mundo en México. Si ellos pueden, nosotros también. Buena noticia.

Detrás está el esfuerzo constante, el compromiso y algo imprescindible, la técnica. La coordinación de los técnicos supuso también dejar atrás protagonismos infértiles. Aceptar que todos necesitamos de todos, que aprender de los otros es obligado, que el mundo no se inventa en México, que la juventud no basta, el conocimiento tampoco. Hay que poderlo transmitir. La emoción es sana, la pasión mejor, pero tampoco bastan. Hay que tener una estrategia y cumplirla minuto a minuto. No dejarse llevar por el arrebato, por la intuición sin rumbo, por la inspiración miope. Un equipo supone disciplina y mapa de acción al cual atenerse. Lo hicieron, buena noticia.

Las reglas son las reglas y hay que acatar. La discusión en la cancha no hace sentido, tampoco jugar sucio. El árbitro es la autoridad y de nada sirve gritarle o enfurecerse. Los hay duros y blandos, equívocos y acertados. Pero, de nuevo, en la cancha no hay nada que hacer más que acatar. Los jóvenes mexicanos no se vieron rebeldes, no intentaron retar a la autoridad, no hubo escenitas como en otras contiendas que lo único que lograron fue avergonzarnos frente al mundo. Actuaron con civilidad, condición y cualidad de cualquier triunfo. Esa civilidad es ejemplar para el país, qué diéramos por tenerla en otros ámbitos. De qué sirve descalificar al árbitro si ni él, ni las reglas están a discusión. Esa civilidad como actuación de jóvenes es muy esperanzadora. Son ejemplo no sólo para los que les siguen sino para las generaciones que los anteceden. Buena noticia.

El nacionalismo exagerado puede ser el sarampión de las naciones jóvenes, según Einstein. Pero una nación sin nacionalismo es un contrasentido. Cuántas veces nos hemos avergonzado por esa exaltación grosera de lo propio que termina siendo ofensa al otro, ese somos superiores en esencia, esa soberbia de la que hablaba don Edmundo O'Gorman. Fortaleza artificial que en realidad esconde un brutal complejo de inferioridad. Pero no fue así. Utilizaron los colores nacionales, tomaron la bandera entre sus manos, es suya como de cualquiera. Pero no insultaron a los otros. Amor nacional pero no paroxismo de lo vacuo. Buena noticia.

Por la dimensión de nuestra población, poco más de 113 millones; por la juventud de la misma, 26 años en promedio; por la generalizada pasión deportiva; por los beneficios que el sano ejemplo provoca, por la necesidad de creer en nosotros mismos, justo ahora que estamos tan golpeados, por todo eso y más, la victoria del equipo mexicano es un gran estímulo. Hace mucho tiempo que debieron corregirse desviaciones y corruptelas en ese sector. Ojalá y, de una vez por todas, nos tomemos en serio el deporte como parte de la vida cotidiana y no sólo como espectáculo, como estímulo popular a la superación, como forja del esfuerzo, como parte del ánima, del alma nacional. Ojalá y el medallero olímpico se convierta en uno de los indicadores de nuestras debilidades y fortalezas. El lugar de México en el mundo también se mide en medallas.

Peña y el PRI yerran en su primera agenda legislativa

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Tengo muy presente lo que me dijo Ruchir Sharma, autor del bestseller Breakout Nations: In Pursuit of the Next Economic Miracles, cuando le pregunté qué necesita un gobierno para que su país despegue económicamente. Lo primero que me respondió es un líder cuya prioridad sea la economía; que todo lo demás pase a un segundo plano. “Al punto de la obsesión”, le cuestioné. “Efectivamente —replicó—, debe ser una especie de obsesión del gobierno en turno”. Me dio varios ejemplos. El más conspicuo, desde luego, el del chino Deng Xiaoping, promotor de la transformación económica más exitosa e impresionante de la historia reciente.

Tengo presente esta idea porque, cuando escucho la primera agenda legislativa que piensa promover el siguiente gobierno, encabezado por Enrique Peña Nieto, veo que ha dejado a un lado las reformas económicas para concentrase en políticas. No es por menospreciar estas propuestas que, como he dicho en este espacio, suenan interesantes. Pero los cambios que propone Peña, y que va a apoyar el PRI en el Congreso, son una agenda resultado de la coyuntura política.

Ante la acusación de que el tricolor es un partido corrupto y autoritario, que machacaron panistas e izquierdistas durante la pasada campaña, más la denuncia de presunto fraude electoral por parte de López Obrador, los priistas han reaccionado con tres reformas para combatir la corrupción y la opacidad gubernamental. La primera es ampliar las facultades del IFAI para también transparentar a los gobiernos estatales y municipales así como los poderes Legislativo y Judicial. La segunda es la creación de “una instancia ciudadana y autónoma que supervise la contratación de publicidad entre los gobiernos y los medios de comunicación”. Y la tercera es la fundación de “un órgano con autonomía constitucional que tenga facultades para investigar y sancionar actos de corrupción de los tres órdenes de gobierno y de los Tres Poderes de la Unión”.

Insisto: suenan bien. Pero, de prosperar, su impacto será más político que económico. En cambio, reformas como la laboral, la energética y la hacendaria sí podrían agregar crecimiento en un momento donde los inversionistas reaccionarían positivamente a un México implementando cambios estructurales. Vale la pena destacar que Peña y su equipo habían dicho que estas reformas sería las prioritarias para ellos. Sin embargo, cambiaron de idea y las han dejado para otro momento, demostrando así que su prioridad no es la economía. Es una mala señal para los que consideramos que lo prioritario es un mayor crecimiento de la economía. Me temo que nuestro amigo Sharma, que anda por todo el mundo buscando los nuevos milagros económicos, ya no podrá decir que en México hay un nuevo líder obsesionado con la economía.

Por eso pienso que es un error que Peña y los priistas hayan optado por una primera agenda legislativa impuesta por las circunstancias políticas. Seguramente tendrán sus razones. Que les quede claro, sin embargo, que al promover las tres iniciativas mencionadas, la discusión pública se centrará en ellas durante el interregno y los primeros meses del gobierno peñista. Un debate, por cierto, donde el PRI saldrá golpeado porque, quiérase o no, sus opositores utilizarán la tribuna para seguirlos etiquetando de corruptos y autoritarios. De eso estaremos hablando, no de economía.

Peña corre el riesgo de terminar como Fox o Calderón, que se ocuparon en otros asuntos ajenos a la economía durante sus primeros meses de gobierno. Fox con el tema de los zapatistas que no le redituó nada, y Calderón con la guerra en contra del crimen organizado que, si bien le dio frutos en el corto plazo, acabó siendo una bomba contra él y su partido.

Yo creí que Peña sí se obsesionaría con la economía. Pero al parecer los políticos mexicanos de las últimas épocas tienen una aversión natural a esta agenda. Por lo pronto, que todos los grupos de interés a los que les conviene el statu quo económico descorchen el champagne porque todo indica que no habrá reformas que afecten sus intereses por un buen tiempo.

Un poco de historia

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Si se echa una mirada sobre el siglo XX de México, se encuentran claramente definidos dos tiempos, dos temperamentos. El primero es de construcción nacionalista. El segundo de diversidad democrática.

El primero avanza de los años veinte hasta los años sesenta. El segundo empieza en los sesenta, se agudiza con las crisis de 1976, 1982, 1987, 1995, y culmina en la alternancia del año 2000, que sanciona la transición democrática del país, pero institucionaliza también su diversidad, sus desacuerdos.

Los afluentes de la construcción nacionalista son múltiples, pero están asociados todos, en mayor o menor medida, a la acción cultural, educativa y cívica del Estado, y al ejercicio de su poder político sobre el territorio y sobre la sociedad.

Los revolucionarios triunfantes doman militarmente al país y centralizan las decisiones en el gobierno; desde ahí, moldean a la sociedad mediante la organización corporativa de sus sectores claves, llámense obreros, campesinos, empresarios o profesionistas.

Un afluente crucial de la construcción nacionalista es el indigenismo, pensado como una forma de incluir al indígena en el cuerpo de la nación. El indigenismo oficial nace con los primeros gobiernos de la revolución. Su libro fundador, Forjando patria, de Manuel Gamio, es de 1917.

Otro afluente clave es la educación, en su matriz de misión evangelizadora y fundación espiritual (“Por mi raza hablará el espíritu”), encarnada por José Vasconcelos, quien puso en los años veinte, como secretario del ramo del presidente Obregón, los cimientos de una política de Estado que cruza todo el siglo.

El despliegue cultural desde el Estado crea y ocupa espacios en las artes cultas y en las populares, en la música y en los libros, en el aula y en los muros públicos. El resultado es un horizonte de nacionalismo cuyo amplio espectro cubre las décadas siguientes con suave mano de hierro.

El uso y abuso de ese arsenal de cohesión nacionalista llega a su término en los años sesenta, cuando los hijos de la modernización acumulada desafían las rigideces de la “revolución institucional”, la hegemonía priista.

En 1968 chocan los estudiantes, hijos de las nuevas clases medias, y el símbolo mayor del sistema político, el Presidente de la República.

Es el principio del fin de la unidad nacional, la fisura moral que anuncia el segundo tiempo finisecular de México: el tiempo de la diversidad y la democracia. Hay quien cree ver en los tiempos actuales una reedición de aquellos tiempos. Sí, salvo que la democracia ha sido ganada ya, y no hay gran novedad histórica en la protesta.