agosto 16, 2012

Inflación

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

En junio el alza de precios fue de 4.3% y en julio de 4.4%, igualando el dato de diciembre de 2010. No es una inflación descontrolada, pero está ya fuera del rango que el Banco de México ha definido como razonable, 3% más menos uno.

La razón no es muy difícil de encontrar, los alimentos han subido de precio, en estos dos meses pasados, a un ritmo que supera el 8% anual. Fuera de los alimentos, lo demás está bastante bien, con la posible excepción de “muebles, aparatos y accesorios domésticos” que le anda pegando al 5% anual. En este renglón, si se va uno más a detalle, encuentra que son los “accesorios domésticos” y los detergentes los causantes del problema, pero la verdad es que no tienen mayor peso en el índice de precios al consumidor, y podemos olvidarlos por el momento.

Son los alimentos los causantes del problema, y específicamente son los cereales, la carne y el huevo. Durante 2011 lo que subió mucho de precio fue el aceite, y aunque ahora lo hace a menor ritmo, ya trae el impacto previo acumulado. La causa de este incremento de precios es el mercado internacional de granos y oleaginosas. Como ocurrió a partir de 2006 y hasta el inicio de la crisis de 2008, los precios internacionales suben rápidamente, y parte de ese impacto empieza a atravesar la cadena productiva y llega al consumidor.

Al subir el maíz, que se usa en el mundo principalmente como alimento de animales, sube el sorgo y sube este alimento para animales, de forma que los productores de carne trasladan al menos una parte a los consumidores. En el huevo y leche, productos igualmente animales, también hay un impacto por esta razón, aunque en el caso del huevo hay que sumar el asunto de la influenza en las gallinas de Jalisco, que han complicado un poco el abasto (que ya está controlado, dicen).

Pero lo importante es que la mayor parte del impacto en precios, si no es que todo, viene del exterior. Suben el precio internacional del maíz y del trigo, y sube la tortilla y el pan, y a través del alimento para animales, suben otras cosas, como veíamos. Y como el impacto viene del mercado internacional, el Banxico no tiene mucho que hacer para reducir esta alza de precios. Como usted sabe, la herramienta fundamental del banco es la tasa de interés, que puede elevar para reducir excesos de demanda que estén presionando los precios. Pero lo que hoy ocurre no es un exceso de demanda de tortillas o pan, sino un problema de oferta que, además, es mundial.

No va a faltar el que atribuya esta alza de precios al cambio climático y amenace con una catástrofe producto de nuestros excesos, pero estará equivocado. La producción mundial de granos crece a buen ritmo, y no hay un problema de oferta. Sí hay problemas temporales y localizados, como es el caso de la sequía que este año está pegando muy duro en EU, y que apunta a una caída de producción hacia el próximo año. Y cuando hay esas noticias, los mercados se presionan, como ocurre en el mercado de petróleo cuando Irán anuncia que va a bloquear el estrecho de Ormuz, y el precio del Brent sube de forma ilógica. Pero son movimientos de corto plazo, tanto el del petróleo en Europa como el del maíz y el trigo como producto de la sequía.

Si hacemos caso omiso de este impacto temporal, sin embargo, veremos que el precio del maíz y el trigo (como el de todos los commodities) tiene una tendencia alcista desde hace rato. Es decir que aunque suba y baje como resultado de fenómenos de corto plazo (sequías, crisis, etc.), la línea de largo plazo es al alza. Nuevamente, habrá quien diga que es cosa del fin del mundo, pero no es así. La producción de maíz y trigo crece, le decía, a un buen ritmo. Mucho más rápido que lo que crece el consumo de esos cereales, ya sea por parte de personas o por parte de animales.

La producción de maíz, por ejemplo, creció casi 40% en la primera década de este siglo, mientras que el consumo por seres humanos lo hizo en apenas 10%. Incluso el consumo animal, que es el más importante en el caso del maíz, lo hizo en apenas 20%, la mitad del crecimiento de la producción. En el caso del trigo todos los números son más pequeños, pero la brecha a favor de la producción crece. Se produjo 17% más trigo en la primera década del siglo, mientras que el consumo de seres humanos creció menos de 8% y el de animales menos de 13%.

Dicho de otra manera, hay más granos hoy que los que había hace diez años, o para el caso, de los que ha habido en cualquier momento anterior en la historia. Incluso considerando el crecimiento poblacional, hoy hay más granos por persona de los que ha habido desde que inventamos la agricultura hace 12 mil años. Pero el precio sube, ¿por qué?

La razón no es el mercado de granos, sino el de monedas, y específicamente el mercado del dólar. El dólar tiene una tendencia devaluatoria clara desde que se abandonó el sistema de Bretton Woods, hoy hace exactamente 41 años. Por eso la inflación que hemos visto en estas cuatro décadas es la más grande desde que se tiene registro (para un período similar).

Y en esto el Banxico no tiene mucho que hacer. La única solución es que nos fuéramos revaluando a un paso mayor, de forma que el dólar se devaluara frente a nosotros de la misma forma que se devalúa frente al petróleo, el maíz, el trigo o el oro. Pero eso tiene varios costos: menos exportaciones, más importaciones, mayor costo de las reservas, etc.

Así que, viendo cómo están los mercados y lo que posiblemente ocurrirá en los próximos años, efectivamente hay que pensar en unos años de alimentos relativamente caros. Nada que nos deje sin comer, pero sí que nos haga pensar más si nos debemos comer un taco adicional, u otro pan de dulce. Igual hasta nos sirve para reducir un poco la panza, que no sería mala idea.

La oportunidad del PAN

Carlos Elizondo Mayer-Serra (@carloselizondom)
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

En los siguientes 12 meses el PAN puede avanzar más en su agenda de reformas que en los 12 años que estuvo en el poder. Durante sus dos sexenios en la Presidencia nunca logró la mayoría legislativa como para hacerlas, ni consiguió convencer al PRI de esta necesidad. Con la izquierda no pudo contar, tanto por la distancia ideológica entre ambos partidos, como porque para López Obrador la política no es negociación, es todo (la Presidencia) o nada. El PAN tampoco logró convencer a la sociedad de que había que castigar electoralmente a quienes bloqueaban estos cambios.

Aunque derrotados en la elección presidencial, la elección pasada fue un referéndum a favor de esas reformas. Con moderación, pero con claridad, el candidato del PRI Enrique Peña Nieto prometió abrir Pemex a la inversión privada, liberalizar la ley laboral y eliminar privilegios fiscales, como la tasa cero del IVA en alimentos y medicinas. Es una agenda similar a la del PAN. Son por ello reformas que tienen legitimidad electoral. El 66 por ciento del electorado votó por los partidos que las proponen. Además el PRI, presionado por los jóvenes, prometió también un decálogo de reformas políticas. Algunas de éstas estarán en la agenda legislativa a partir del 1o. de septiembre, como una mayor transparencia en el gasto público de todos los niveles de gobierno a través del fortalecimiento del IFAI.

Si bien el PRI con el PVEM y el Panal podrán tener hasta 251 diputados, uno más que la mitad, en el Senado requiere al PAN o al PRD para tener mayoría simple. Sin embargo, hay una mayoría programática clara si uno compara muchas de las propuestas del PRI con las del PAN. Si bien hay muchos detalles que deben ser precisados entre ambos partidos, ya que estas reformas se pueden entender de maneras muy diversas, hay un acuerdo en lo fundamental. ¿Buscará el PAN vengarse del PRI y bloquear las reformas o aprovechará estos 12 meses para transformar al país?

La oportunidad para el PAN es que son reformas en las que cree. Puede incluso buscar intercambiarlas por otras reformas con las que el PRI no coincide, como la reelección en el Poder Legislativo, así como lograr imponer una parte importante de su agenda de mayor transparencia y control del gasto público en todos los niveles de gobierno. El PAN tiene pocos gobernadores y éstos son de los principales damnificados de esta agenda. Por ello le será más fácil procesar estos cambios que al PRI, donde no sólo los gobernadores pierden con las reformas propuestas, sino los sindicatos y otros grupos de interés que históricamente apoyan y se han beneficiado del PRI. Pero ése es otro dilema, ¿podrá Peña Nieto imponer las reformas a su partido? Lo sabremos muy pronto.

Un posible riesgo para el PAN es que si las reformas se llevan a cabo y rinden frutos, una buena parte del mérito frente a la sociedad se lo va a llevar el gobierno priista de Peña Nieto. Ésta fue una de las principales razones detrás de la poca colaboración del PRI en los 12 años de gobiernos panistas en la Presidencia.

Sin embargo, de aprobarse estas reformas, la economía de México crecería más y con ello se desarrollaría con vigor una clase media más informada y menos dependiente de las estructuras corporativas. Con una buena agenda de transparencia y rendición de cuentas, los gobernadores tendrían menos margen de abuso para, a través del dinero, gobernar en sus entidades, limitar el desarrollo del PAN y de otras fuerzas políticas de oposición, imponer a su sucesor en sus estados y pesar de forma significativa en las siguientes elecciones. Es transformando al país en uno donde las clases medias tengan más peso y los gobiernos en todos los niveles rindan cuentas, la forma en como el PAN puede pretender regresar el poder.

Si el PRI gobierna mal, con abusos e ineficacias y con una economía atorada por la falta de reformas, el principal beneficiario sería López Obrador. Él lo sabe bien. ¿Tendrá claro el PAN que su futuro depende de comportarse como una oposición responsable? ¿Logrará armar un buen paquete de reformas que incluya sólidos límites al poder, sobre todo de gasto, de los gobernadores? ¿Tendrá la fortaleza institucional para procesar reformas que en el corto plazo pueden ser impopulares? Esperemos que no sea el rencor y la nostalgia por el poder lo que domine sus decisiones sino una visión de largo plazo.

Las arenas movedizas del caso MVS

Carlos Mota
motacarlos100@gmail.com
Cubículo Estratégico
Milenio

¿Tendría derecho el Presidente de la República, a través de su coordinadora de Comunicación, Alejandra Sota, de pedir una disculpa pública a la periodista Carmen Aristegui por el fraseo que utilizó en una emisión de MVS Radio refiriéndose al supuesto alcoholismo del Ejecutivo mexicano? ¿Quién tiene razón, Joaquín Vargas y sus acusaciones contra el gobierno federal con relación a la presión para que la periodista se disculpara sobre sus dichos, o el gobierno en la materia del “rescate” de la banda 2.5 GHz que, según Vargas, fue condicionada a la presentación de esa disculpa?

El terreno que pisó Joaquín Vargas, un empresario que ha construido poderosas empresas en el sector restaurantero y de telecomunicaciones, resulta demasiado pantanoso. Pantanoso porque le será muy difícil probar que Dionisio Pérez Jácome y Javier Lozano le profirieron amenazas del calado de las que señaló ayer en su conferencia de prensa, en las que la venganza y el chantaje hicieron su aparición como no lo habríamos imaginado a lo largo del sexenio. Rápidamente Dionisio le desmintió.

Para los complotistas son un dulce las acusaciones de Vargas ayer, y muchos actores públicos cargarán contra Calderón y su equipo por mostrar supuestos visos de autoritarismo bajo los más granados estándares de la época priista antigua. Pero una cosa es cierta: nadie ha probado que el Presidente sea un alcohólico y que su posible afición por las bebidas espirituosas le haya representado alguna inhibición, siquiera mínima, de sus funciones.

Lo que es un hecho es que mezclar el episodio aquel sobre lo que dijo Carmen con el refrendo de las concesiones de la banda se convierte en un cóctel molotov que nadie quiere tener en la mano. Para los infieles, es como llegar del brazo de la esposa a la fiesta de cumpleaños de la novia: cualquier cosa puede pasar.

Un empresario del más alto nivel del sector telecomunicaciones me dijo: “El Presidente todavía es el Presidente”. No se refería ni por asomo a ningún autoritarismo de Felipe Calderón, sino a que el Ejecutivo tiene, todavía, margen de maniobra para gobernar. Gobernar. No sé si eso lo calibró adecuadamente Vargas ayer. Porque quien tiene el maneral es Felipe Calderón.