agosto 17, 2012

Oportunidades

Macario Schettino

Hace exactamente 10 años, en el verano de 2002, México arañaba el 12% del mercado estadounidense. Habíamos crecido en los 10 años previos más de cinco puntos en el mercado más grande del mundo. Pero precisamente en ese verano empezamos a caer. La razón fue el ingreso de China a la OMC, que se sumaba a los bajos costos de producción en ese país y lo convertía en un lugar atractivo para moverse. Las empresas estadounidenses eso hicieron, movieron su producción desde Estados Unidos y México hacia China, que en el año 2000 apenas tenía el 8% del mercado estadounidense, pero para 2002 ya llegaba al 10%. China superó a México a inicios de 2003 y siguió creciendo hasta casi alcanzar 19% del mercado vecino en 2009. El bajo crecimiento de México en la primer década del siglo XXI se debió esencialmente a este fenómeno.

Pero así como la recesión de 2001 abrió la puerta a China y nos la cerró a nosotros, ahora ocurre lo contrario. De 2009 a la fecha China no sólo no ha podido mantener su ritmo de crecimiento previo (cada año agregaba un punto de mercado), sino que ha perdido un par de puntos del mercado estadounidense, y en el primer semestre de 2012 promedia 17%. México en cambio ha logrado recuperar el nivel que tenía hace 10 años, y en este primer semestre prácticamente hemos alcanzado los 12 puntos. Las empresas que hace 10 años se fueron a China están regresando, al menos en parte, hacia Estados Unidos y hacia México.

En esta segunda década del siglo XXI, entonces, las oportunidades para México parecen muy interesantes. En los últimos cuatro años hemos ganado dos puntos del mercado más grande del mundo, que es precisamente el ritmo que tuvimos en los años 90 (que permitió un crecimiento promedio de 6% en los últimos cuatro años de Zedillo). En aquel entonces parte del crecimiento en exportaciones fue el incremento en la producción (y exportación) de petróleo, hoy se logra a pesar de que nuestras exportaciones de crudo están estancadas.

La economía de Estados Unidos está sufriendo una profunda transformación que me parece no estamos percibiendo. No se trata sólo de la revolución energética que ya he comentado con usted (en los últimos seis años Estados Unidos ha incrementado su producción de petróleo en casi 2 millones de barriles diarios, y 5 billones de pies cúbicos de gas natural), sino de una reconstrucción de las manufacturas con base en tecnología. Pero como los servicios representan casi 80% de la economía, el impacto sobre el total no se alcanza a notar. Mientras el PIB de Estados Unidos crece apenas 1.5%, su industria lo hace tres veces más rápido. Y es la que nos compra a nosotros.

Sumarnos a esa dinámica es muy fácil. Basta quererlo. La revolución energética en Canadá y Estados Unidos no llega acá porque estorba el monopolio. La transformación tecnológica sólo nos llega indirectamente porque nuestras restricciones impiden un mayor efecto. Las reformas famosas que debimos hacer desde hace 15 años, no las hicimos y China se llevó el mercado.

La lista de reformas ya la conoce usted: fiscal, energética, laboral, más competencia. Pero estoy convencido de que la transformación más importante, la que permitiría finalmente liberar a México de sus atrasos no está en esa lista de reformas. Es un paso previo que tiene dos dimensiones. En ambas hemos avanzado, precisamente en estos 15 años.

Primero, nada será verdaderamente transformador en México mientras no logremos establecer firmemente el imperio de la Ley. Cuando los derechos de propiedad estén garantizados y los contratos se cumplan, México será verdaderamente otro. Eso permitirá un sistema financiero desarrollado (cuatro veces superior al actual, al menos) y hará relevante la investigación y desarrollo tecnológico, por poner dos ejemplos.

Segundo, para que México sea exitoso es imprescindible que queramos que lo sea. Es decir, necesitamos olvidarnos ya del siglo pasado. Necesitamos enterrar las creencias, costumbres y reglas que heredamos de esa apuesta equivocada. Vuelvo a insistir en que sólo Argentina tuvo un siglo XX peor que nosotros. Fuimos un fracaso absoluto, y lo fuimos por la forma en que quisimos dirigir la economía. Si queremos riqueza en México, hagamos lo necesario para que ésta pueda crearse. Y lo que se requiere para crear riqueza es libertad en los mercados, seguridad en los derechos, garantías en los acuerdos.

Inmerecidamente, la vida nos da otra oportunidad. Si nos liberamos, podemos aprovecharla.

¡Orgullo... toda la vida!

Paz Fernández Cueto
paz@fernandezcueto.com
www.pazgutierrez.com.mx
Reforma

Cuando hace tres años me disponía a ser diputada federal, invitada por el Partido Acción Nacional, no faltó quien me recordara esa frase lapidaria que confirma el desprestigio del que gozan los legisladores en nuestro país, sin más alternativa que tener que aceptarla como parte del paquete: el puesto dura tres años y la vergüenza ¡toda la vida! Otros parafraseaban frases aún más amenazantes: vas a ver qué feo es cuando te empiecen a diputear. Transcurridos estos años con la velocidad del tiempo, mi visión ha cambiado por completo después de haber vivido una experiencia para nada vergonzante. No es lo mismo ver los toros desde la barrera que lanzarse a torear, nadar en un mar revuelto repleto de tiburones, debatiendo ideas y posiciones distintas, como distinto es cada individuo que conforma el mosaico pluricultural de nuestro país. Fue difícil luchar contracorriente, debatir posturas ideológicas y lidiar con visiones políticas distintas, sin alcanzar la mayoría a la hora de votar. Si no se aprobaron las grandes reformas que planteamos desde el primer día de la legislatura, como la laboral, la fiscal o la energética, y si la reforma política resultó de tan poco alcance, no fue por falta de voluntad política de nuestro partido, sino por falta de acuerdos con una oposición poco solidaria y en su momento irresponsable. Sin duda 500 diputados son muchos para ponerse de acuerdo y no estoy en contra de reducir el número de legisladores. Hace falta la profesionalización de quienes aspiren a cargos legislativos, sin embargo, no podemos esperar contar con una bancada conformada exclusivamente por expertos o intelectuales. Una de las cosas que aprendí es que solo quien ha experimentado las carencias y necesidades de cada comunidad es capaz de comprometerse por sus causas, y que México, no siendo un país de letrados en su inmensa mayoría, debe contar entre sus legisladores con líderes sociales que dignamente los representen. Conocí a personas muy valiosas, diputadas y diputados que alcanzaron su curul a fuerza de tenacidad y esfuerzo, algunos con experiencia legislativa cuya pericia se notaba de inmediato por sus intervenciones en tribuna, y otros que, como fue mi caso, sin previo conocimiento parlamentario aunque sí con una trayectoria social de compromiso y dedicación, tuvimos que aprender sobre la marcha todo lo referente al quehacer legislativo. Ya me había advertido un amigo ex legislador al participarle mi inquietud ante mi inexperiencia: "no te preocupes, Paz, esto es como la olla exprés, te cueces rápido como los frijoles". Y así fue, cada día propició un nuevo aprendizaje, desde saber moverse en este mundo a escala que se concentra en San Lázaro, hasta lograr subir iniciativas respondiendo a requerimientos de los grupos sociales. Como secretaria de la Comisión de Educación logramos acuerdos importantes con los distintos grupos parlamentarios, sin faltar resistencias y oposiciones de quienes se mueven por intereses sectarios, como la iniciativa que presenté proponiendo la Evaluación Universal de los Maestros que, por cuestiones políticas, no prosperó. Que no haya sido aprobada la reelección de diputados y senadores para un periodo más fue una lástima. Se evitaría el brincadero de una a otra Cámara de políticos que carecen de méritos propios. Al país le resulta muy caro el aprendizaje legislativo teniendo que empezar de cero cada tres años, pudiéndose capitalizar la experiencia de diputados y senadores si la sociedad decidiera premiar su buen desempeño.

La experiencia de haber sido diputada valió la pena, no porque todos mis intentos hayan sido exitosos, ni porque piense que no hubiera podido trabajar más y mejor. No salieron las grandes reformas pero sí avanzamos en temas significativos de trascendencia social. En educación dejamos listas para su aprobación reformas a la Ley General de Educación en materia de Educación Inclusiva, reconociendo el derecho a la educación a las personas que sufren discapacidad. Me voy contenta por haberse aprobado en ambas Cámaras y publicado en el Diario Oficial reformas a la Ley General de Salud en su capítulo de salud materno-infantil, con el objeto de reducir la mortandad materna y apoyar en todo momento a la mujer en su maternidad. Falta mucho por hacer, esto es lo que me motiva a seguir trabajando por mi país, ahora desde la sociedad civil, la trinchera que me corresponde.

Assange: aun así, prisionero

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Lo curioso ahora que el gobierno de Ecuador le concedió asilo diplomático, es cómo le hará Julian para llegar a Sudamérica.

La historia de Julian Assange comenzó en 2010, cuando se convirtió para algunos en una suerte de héroe, dadas aquellas revelaciones que su WikiLeaks hizo en varias publicaciones del mundo. Aquellos documentos que, gracias a sus habilidades para el hackeo, logró obtener de archivos gubernamentales y que pusieron en evidencia muchos secretos de Estado de las grandes potencias del mundo.

Para muchos, la hazaña de Assange fue un ejemplo de lo que la libertad de expresión debe ser; según otros debió ser un acto que le costará la libertad, pues lo dado a conocer por el sueco era información obtenida de manera ilegal. Muchos países, México uno de ellos, fueron presa de la ola de revelaciones que por semanas mantuvieron tensas las relaciones diplomáticas de los gobiernos que se veían envueltos en el escándalo. Y es que a ninguno le gustó ser expuesto desde su lado más vulnerable, el de la intimidad de un cuarto de guerra.

Pero no, la historia de Assange va más allá de su WikiLeaks y las filtraciones de información. Y es que, curiosamente, la persecución de la que es objeto por parte del gobierno sueco y del británico va por un par de acusaciones por abuso sexual de dos mujeres afiliadas al Partido Pirata sueco.

Y es que, al conocerse estos cargos al mismo tiempo en que Assange revelaba información diplomática, fue evidente que el caso tomó varios tintes. Los simpatizantes de la labor de WikiLeaks no perdieron tiempo en señalar que tales acusaciones sólo tenían una finalidad de censura, de intentar callar a quien sacaba a luz trapos sucios de los gobiernos y, por supuesto, Julian se escudó en tal discurso, y con él llegó a Reino Unido, donde finalmente se entregó a las autoridades a finales de 2010, fecha en que no ha logrado pisar las calles con plena libertad, pues aunque se le concedió libertad condicional, estaba obligado a mantenerse en una residencia en Norfolk, la misma que dejó hace un par de meses para trasladarse a la embajada de Ecuador en un misterioso operativo, pues nadie supo cómo fue que lo llevó a lo que se considera territorio ecuatoriano, por lo que la orden de aprehensión en su contra no puede surtir efecto.

Lo curioso del caso, ahora que sabemos que el gobierno de Ecuador le concedió asilo diplomático, es cómo le hará Assange para llegar al sur del continente americano. Y es que, luego de la negativa del gobierno británico de concederle un salvoconducto que le permitiría trasladarse a un aeropuerto para viajar a Ecuador, no tiene vía legal para irse; si pone un pie en la calle será detenido y muy seguramente enviado a Suecia para que enfrente los cargos de abuso sexual por los que inició su peregrinaje en busca de asilo.

Así, Julian Assange ganó el asilo diplomático, pero, irónicamente, sigue y seguirá dentro del edificio de la embajada de Ecuador. Ahí, con la certeza de una libertad concedida en el país latinoamericano, pero que no alcanza; es decir, preso, de todas formas.

Addendum. Y AMLO está atrapado en l990, dice que “el TRIFE tiene pruebas para invalidar la elección”. Al parecer, nadie le ha avisado al Peje que ya no se llama TRIFE, sino TEPJF... que alguien le pase el memo.

¿Quién inventó internet?

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Actualmente se da en Estados Unidos un debate en diversos medios sobre quién ha sido el propulsor de internet. La novedad está en atribuir ese papel a las entidades privadas y demeritar la contribución del Estado en su desarrollo. El debate lo inició Gordon Crovitz (j.mp/NnmFyy), para quien es una leyenda urbana la idea de que el gobierno estadunidense dio vida a internet, al idearla el Pentágono como un medio de comunicación capaz de resistir los embates de un ataque nuclear.

Para Crovitz la perspectiva que pone énfasis solo en la contribución del estado, soslaya o menosprecia lo más importante: la interacción entre fondos públicos y privados, vitales para que se hayan dado (y den) todos los grandes avances tecnológicos modernos.

Según Crovitz, si bien “Arpanet” se ubica como el punto de partida de internet, no es más que uno de los embriones de la comunidad global que hoy conforman la red, la cual no existiría sin la contribución del sector privado. Él da todo el crédito de la conexión entre equipos a Xerox, ya que fue en sus laboratorios de Xerox parc, en la década de 1970, que se inventó la Ethernet, una tecnología desarrollada por Robert Taylor, que fue la que permitió conectar diferentes redes de computadoras y fue en realidad el nacimiento de internet.

Tiene razón Crovitz: no se puede soslayar la contribución de la iniciativa privada en el desarrollo de internet, e incluso como ha dicho Taylor: Xerox inventó más que una simple ethernet, ya que muchas de las cosas que de allí salieron (la PC y la interfaz gráfica de usuario) fueron cruciales para el despliegue de internet tal como la conocemos.

Pero también es cierto que la idea de atribuir únicamente a la iniciativa privada el desarrollo de internet, como lo hace Crovitz, soslaya que sin el papel decidido y una política pública del Estado estadunidense no hubiese llegado de forma robusta al grueso de la población y culminado en el proceso de privatización sufrido en los años noventa del siglo pasado.

Pero es entendible ese énfasis de Crovitz, que se inscribe en el debate electoral que se da actualmente en Estados Unidos y en donde otorgarle un mayor papel a las empresas en el desarrollo de internet es atacar, en buena medida, las propuestas de Obama en materia de nuevas tecnologías y caricaturizarlas como promotoras de un Estado obeso