agosto 21, 2012

El insólito caso de Assange

Rafael Cardona (@cardonarafael)
racarsa@hotmail.com
El cristalazo
La Crónica de Hoy

Deja chicos a todos los espías de la historia y lo ha convertido en emblema y símbolo de cómo se puede vulnerar la maldad intrínseca de los imperios al servicio, claro, de las mejores causas mundiales y el alivio de las buenas conciencias del mundo libre. Puros pretextos.

Como en muchos de los casos recientes el poco definible “derecho a la información” propalado por Wikileaks para desequilibrar si no la seguridad de naciones poderosas sí la infalibilidad de los sistemas de protección de documentos gubernamentales, ha sido la materia básica del conflicto.

Dicho de otro modo, Éste es un asunto de espías, no de demócratas en pos de la justicia informativa.

Julian Assange, cuya capacidad para sustraer ilegalmente papeles oficiales y deslizarlos gracias la complicidad de quien sabe cuántos infiltrados en la inteligencia redentora, deja chicos a todos los espías de la historia y lo ha convertido en emblema y símbolo de cómo se puede vulnerar la maldad intrínseca de los imperios al servicio, claro, de las mejores causas mundiales y el alivio de las buenas conciencias del mundo libre. Puros pretextos.

La historia de Assange, tan imprecisa como legendaria en estos días, contiene en sí misma todos los elementos para una producción cinematográfica de gigantesca fantasía.

Su nacimiento en Australia (aparentemente en Queensland) y por tanto su pertenencia a la Commonwealth; la compañía teatral de sus padres, su pasado sin equilibrio cuya mejor expresión es haber acudido a 37 escuelas y 6 universidades a lo largo su evidentemente corta vida lo convierten en un personaje con el suficiente halo misterioso para resultar tan atractivo como James Bond o Mata Hari, si se permite la extrapolación.

Como todos sabemos Wikileaks fue fundado en el 2006 y registrado como tal en 2009. Su consejo, por llamarlo de alguna manera, está formado por nueve personas de las cuales JA es vocero y rostro visible. Tanto como ahora cuyo mayor desplazamiento físico consiste en mirar por una ventana de la embajada del Ecuador en Londres, donde permanece encerrado con la amenaza de sufrir prendimiento en caso de poner un pie en la calle.

Hasta el día de hoy la historia personal, envuelta en misterios como el, origen de los fondos para operar Wikileaks y mover a Julian por todo el mundo, se ha sobrepuesto a la raíz real del “movimiento cibernético de exhibición de abusos”, como alguien podría describir esos intentos de divulgación de documentos supuestamente bajo infalible resguardo y segura encriptación.

El encierro de Assange en la embajada ecuatoriana en Londres, mientras lo reclaman los Estados Unidos y Suecia, uno por haber violado la seguridad del imperio y la otra por haber violado en Estocolmo a una joven menor de edad (o a dos, ya ni se sabe), no deja de ser una contradicción, una más entre las muchas de su azarosa vida.

En el año 2009, la bien educada prensa británica unificada, le otorgó el premio de “Amnistía Internacional”, por la revelación de innúmeros asesinatos extrajudiciales en Kenya, contenidos en un libro de poético título: El llanto de la sangre. Hoy esos medios no pueden volcar a la opinión pública en su favor de su salvoconducto. Ni podrán.

En este sentido Assange ha dicho algo muy impresionante. Según él, Wikileaks ha divulgado una cantidad de documentos clasificados (es decir, secretos) de importancia humanitaria y social, superior a todos los diarios del mundo juntos, lo cual no deja de ser una notable exageración, pero si resulta útil para preguntarse con él, cómo un equipo de cinco personas, expertos todos en allanamientos cibernéticos, ha logrado romper todas las barreras en cuya seguridad los medios convencionales también trabajan.

Obviamente Daniel Ellsberg y todos los grandes transgresores de la seguridad lo miran como un Papa.

Sus riesgos personales han ido en aumento. Si en 1991 fue aprehendido en Melbourne por incursiones ilegales a varios sistemas de cómputo (una universidad australiana; la compañía de telecomunicaciones, y otras más) y puesto en libertad tras una multa notable y una promesa de buena conducta, todo eso ocurrió tras admitir su culpabilidad en 24 cargos de delitos informáticos.

Suecia le ha negado un status de residencia y mucho más de asilo político. La Gran Bretaña lo persigue sañuda y si el fisco de cualquiera de los países donde se ha movido lo quisiera ver tras las rejas les resultaría absolutamente sencillo. Assange tendría problemas para justificar los cientos de miles de dólares anuales para la operación internacional de su sitio revelador.

Hoy, a pesar de las acusaciones por delitos sexuales (la moda canalla de nuestros días, hacer a un lado a los enemigos con pretexto de sus lances eróticos, como a Tyson o a Strauss Kahn, por citar dos extremos), JA es un símbolo de la rebeldía, de la transgresión en el nombre de la verdad y la justicia.

Para otros no es sino un aventajado operador del espionaje en favor de cualquier menos de la víctima. Un hombre cuya capacidad de elusión ha resultado sorprendente y no habría sido posible sin la protección de poderes superiores.

Pero sea quien sea la Pérfida Albión debería respetar además de sus derechos, los del gobierno ecuatoriano y otorgarle el salvoconducto para dejarlo partir.

Como Darwin, se podría ir a las Galápagos a meditar sobre una frase del naturalista:

“La lucha por la vida es más intensa entre individuos de la misma especie”.

PRD: el conflicto pendiente

José Antonio Crespo
cres5501@hotmail.com
Investigador del CIDE
El Universal

Adios a María de las Heras

Muchos de quienes queríamos que la izquierda llegara al poder en esta ocasión —como hubiera sido lo normal antes de que el PRI retornara a Los Pinos— considerábamos que eso no sería posible si su candidato era Andrés Manuel López Obrador, pues sus teatralizaciones a partir de 2006 le habían alejado los suficientes electores independientes como para ganar en 2012. Así ocurrió, si bien los obradoristas prefieren seguirse autoengañando con el triunfo de su abanderado (“siempre gana”) y el consabido magno fraude (“pero siempre le roban la elección”). Mientras la izquierda mantenga ese axioma incuestionable, sin importar lo que diga la realidad (“peor para ella”), seguirá desperdiciando cuanta oportunidad tenga de alcanzar el poder, pues entonces no hay revisión de fondo que hacer, ni hace falta corregir errores (“el candidato nunca se equivoca”). En consecuencia, seguirá tropezando con las mismas piedras una y otra vez.

Es probable que el Trife deseche la solicitud de invalidar la elección y que López Obrador descalifique a los magistrados como vendidos a Peña Nieto (por lo visto, prácticamente todo el país se vendió a ese candidato). Lo que está pendiente es ver cómo reaccionará la izquierda no obradorista. Si lo hace como en 2006, se automarginará pese a ser (unida) la segunda fuerza legislativa, además de no hacer las rectificaciones para aspirar al poder en 2018. Lo que podría hacer las cosas distintas son dos variables: A) a diferencia de 2006, esta vez la distancia entre punteros fue holgada (14 veces más de votos que hace seis años). Es más difícil sostener contra viento y marea la tesis de un fraude determinante. B) Ebrard ya no tiene margen para seguir bajo la directriz de su mentor. El año pasado decidió hacerse a un lado de la candidatura presidencial, ante la decisión de López Obrador de ir por la ruptura antes que ceder el lugar a quien tenía mejores posibilidades de ganar (y por eso frustró la coalición PAN-PRD en el Estado de México, que bien pudo darle un golpe letal a Peña Nieto). Tiene Ebrard que deslindarse para buscar el liderazgo del PRD y su eventual transformación en un partido más democrático, moderno y, por ende, con mayores probabilidades de triunfo.

La Declaración Política de Guerrero, signada la semana pasada, parece adelantar la aceptación legal del fallo del Tribunal y el reconocimiento del ganador, así sea bajo protesta. Falta por ver si la posición se confirma cuando el Tribunal presente el dictamen final, y quiénes en la izquierda lo acatan. El PT y Movimiento Ciudadano se han caracterizado por su cercanía y respaldo incondicional a López Obrador (y vaya que les ha sido redituable). Habrá que ver si de verdad marcan distancia de su líder. De no ser así, la coalición se romperá en el Congreso y perderá fuerza legislativa. Y habrá que ver la reacción de los obradoristas ante el intento de Ebrard de retomar el liderazgo del PRD, pues López Obrador lo último que hará es retirarse políticamente. Su impugnación tiene el propósito de seguir vigente y, quizá, intentar su tercera candidatura (en lo que parece perfilarse como una regla no escrita en ese partido). Gusta citar a la izquierda el caso de Lula para justificar una intentona tras otra del mismo abanderado, pero cabe recordar que Lula sí reconocía sus derrotas, lo que le permitió allegarse poco a poco el apoyo de los independientes. Con AMLO ocurre a la inversa. El equivalente de su investidura como presidente legítimo en 2006, que le hizo perder seriedad como estadista, parece ser ahora la presentación —como pruebas irrefutables de la compra masiva de votos— de un puñado de chivos, patos y guajolotes ante las autoridades electorales, así como utilitarios que todos los partidos, lícitamente, regalan en sus mítines.

López Obrador logró hacer a un lado a Cárdenas en 2006 (el ingeniero de buena gana hubiera sido candidato otra vez). Falta ver si Marcelo o alguien más logra lo mismo en 2018. Habrá que ver el costo que todo esto implicará al PRD en términos de nuevas divisiones (con las endémicas acusaciones de traición), de votos y curules (como en 2009, cuando cayó a un lejano tercer sitio).

Votos nulos

Jorge Alcocer Villanueva
Reforma

El día de ayer, al presentar en FLACSO el estudio del doctor José Luis Vázquez Alfaro, El voto nulo (y el voto en blanco) publicado por el IFE (Cuadernos para el debate No. 3), me detuve en un hecho del proceso electoral federal 2012 que merece un análisis, cuantitativo y cualitativo, con vista a la que ya se anticipa como la próxima reforma electoral.

Me refiero al anómalo número de votos nulos que se registraron en las elecciones para diputados y senadores en la jornada electoral del pasado 1o. de julio. Al asunto aludí, de manera tangencial, en anterior colaboración en este mismo espacio.

De acuerdo con las cifras de los cómputos distritales del IFE, en la elección presidencial el número de votos nulos fue un millón 241 mil (2.47% del total), mientras que para diputados crece a 2 millones 472 mil (5% del total) y en senadores se dispara a 2 millones 855 mil (5.72% del total). Los votos nulos para diputados, en 2012, crecieron 32% respecto de los registrados en 2009, cuando se presentó un movimiento a favor de anular el voto, lo que no ocurrió este año.

Como lo señala el doctor Vázquez, debido a las normas del Cofipe es imposible saber cuándo estamos ante votos anulados por voluntad de los electores y en qué casos la nulidad es producto de errores involuntarios de los mismos. Hay evidencia suficiente para sostener, en 2012, que estamos ante un nuevo tipo de voto nulo, provocado por una confusión generalizada entre los electores.

Al estudiar la distribución territorial, encontramos un crecimiento significativo del voto nulo en los distritos electorales y entidades federativas en que el PRI y el PVEM no tenían coalición, un total de 101 distritos en la elección para diputados y 22 estados para senadores, en ambos casos por el principio de mayoría relativa.

En esos casos, el significativo incremento en los votos nulos parece obedecer a que miles de electores cruzaron en la respectiva boleta tanto el emblema del PRI como del PVEM, por lo que esos votos fueron anulados, tal y como lo determina el Cofipe. A reserva de concluir el estudio, podemos anticipar que en varios de los estados y distritos en que el PRI no alcanzó mayoría, el resultado obedece a los votos nulos. Lo anterior se confirma por una sentencia de la Sala Superior del TEPJF, del viernes pasado, en un juicio en que el PRI pidió a los magistrados "interpretar" la voluntad de los electores y asignar a ese partido los votos nulos en una entidad federativa, petición que fue negada.

Todo apunta a una confusión provocada por los partidos perjudicados, que al decidir establecer coalición parcial para las elecciones de diputados (199 distritos) y senadores (10 entidades federativas) no repararon en el efecto que tendría esa decisión en los distritos y estados en que compitieron por separado.

La decisión de la coalición parcial quizá haya obedecido a que PRI y PVEM privilegiaron el acceso completo a los tiempos de radio y televisión, ya que el Cofipe dispone que a las coaliciones totales (como el Movimiento Progresista) se les considere como a un solo partido, para los efectos de la asignación del 30% del tiempo que se distribuye de manera igualitaria. En pocas palabras, por maximizar la prerrogativa en esos medios, la coalición Compromiso por México sembró la semilla de una enorme confusión entre el electorado, que también se registró en elecciones locales. Otro motivo pudo ser la prevención del Verde de que el pez grande se come al chico.

Había un diseño restrictivo en las normas sobre coaliciones electorales que la reforma de 2007-2008 buscó eliminar; sin embargo, conservó la antes citada, que penaliza a las de tipo total, reduciendo el número de sus mensajes en radio y TV. Quizá ahí radique la causa de lo causado.

La confusión pudo haberse profundizado por la exigencia del Verde, atendida por el IFE, de explicar a los electores, mediante mensajes electrónicos e impresos, que el voto múltiple (cruzar dos o más emblemas), cuando existe coalición, es válido. Al no poner igual énfasis en que ese voto es nulo cuando no existe coalición, la explicación confundió -creo- a los electores ubicados en distritos y estados del segundo caso. Al menos eso es a lo que apuntan los datos.

Posdata: Eraclio Zepeda ingresa a la Academia Mexicana de la Lengua. Muy merecido reconocimiento.

La libertad y los negocios

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

No sabemos, en realidad nadie parece saberlo, qué es todo lo que está detrás de WikiLeaks y de Julian Assange.

¿Tienen algo que ver la revelación de secretos de Estado con supuestos delitos sexuales cometidos por quien los divulgó?, ¿tiene relación la concesión de una banda de transmisión que vale unos 27 mil millones de pesos con las libertades, o el trabajo, de un comunicador, quien sea? Es verdad que los medios tienen cada día más poder, pero en demasiadas ocasiones estamos confundiendo a los comunicadores como los portadores de ese poder cuando, en realidad, la mayoría de las ocasiones, el mismo está detentado por empresas o gobiernos que juegan en ligas muy diferentes.

El caso de Julian Assange es paradigmático al respecto. Nadie sabe exactamente de dónde surge y quién financia a WikiLeaks. No se trata de una agencia de noticias, sino de una organización que se ofrece a recibir y divulgar filtraciones que revelen comportamientos no éticos ni ortodoxos de los gobiernos, particularmente de países con regímenes totalitarios, aunque también ha divulgado información de grandes empresas de todo el mundo. Pero nada ha tenido mayor atención de WikiLeaks que la intervención de Estados Unidos en Irak y Afganistán.

Según la información proporcionada por la propia WikiLeaks, se trata de una organización fundada a nivel internacional por disidentes chinos, así como por periodistas, matemáticos, científicos y empleados de empresas de alto nivel y última tecnología de Estados Unidos, Taiwán, Europa, Australia y Sudáfrica, pero sus creadores, y quienes la financian, no han sido identificados formalmente. Su director es, lo era hasta el momento del inicio de su proceso penal en Suecia y Gran Bretaña, Julian Assange, una mezcla entre hacker y periodista de internet nacido en Australia. Si bien antes había tenido acceso a algunas filtraciones importantes, la organización y su portal se dieron a conocer mundialmente cuando obtuvo cientos de miles de cables y documentos supuestamente secretos de Estados Unidos, relacionados con decenas de países, por una supuesta falla informática del Departamento de Estado.

Casi al mismo tiempo se dieron a conocer distintas acusaciones contra Assange por supuestos delitos sexuales cometidos en Suecia. No parecen ser delitos muy graves para nuestra cultura pero sí para la sueca y básicamente están relacionados con haber mantenido relaciones sexuales sin protección y sin el consentimiento, para esa práctica, de las tres mujeres que lo denunciaron. Assange vivía en Londres y allí fue detenido ante el pedido de extradición de Suecia. Perdió sus apelaciones y cuando estaba en libertad bajo fianza se asiló en la embajada de Ecuador, que le concedió en días pasados asilo político. Los gobiernos británico y sueco desconocen a Assange como un perseguido político y éste corre el riesgo de estar años sin poder salir de esa embajada en Londres.

Puede ser que las acusaciones contra Assange hayan sido creadas para poder, como asegura WikiLeaks, deportarlo desde Suecia a Estados Unidos, aunque este país asegura que no tiene abierto un proceso en su contra. Puede ser que la causa por la que se le persiga sea la divulgación de secretos y no los supuestos o reales delitos sexuales cometidos. Y puede ser que efectivamente haya cometido esos delitos. Con todo, llama la atención que Assange no haya buscado cobijo para refugiarse en algún país con una democracia sólida, sobre todo tomando en cuenta que WikiLeaks se supone que está destinada a desenmascarar a los regímenes totalitarios, sino en un país como Ecuador, que goza de una democracia formal pero se ha caracterizado, desde el inicio del gobierno de Rafael Correa, por incesantes ataques a la libertad de expresión. Que haya optado por un régimen cuyo sistema de justicia ha actuado una y otra vez contra los medios y descalifique a los sistemas judiciales de Gran Bretaña y sobre todo de Suecia, que se consideran de los más sólidos y autónomos de las democracias occidentales. Llama la atención que personajes como Dominique Strauss-Kahn hayan sido linchados mediáticamente por supuestos delitos sexuales y que nadie se preocupe por las mujeres supuestamente agraviadas por Assange.

No sabemos, en realidad nadie parece saberlo, qué es todo lo que está detrás de WikiLeaks y de Assange (están desde sus incondicionales que los ven como la nueva forma de la comunicación en el siglo XXI hasta los que lo consideran una gran coartada para imponer controles gubernamentales en internet) ni tampoco si cometió o no delitos sexuales. Pero algo no checa en ninguno de los dos lados de la esa historia.

Como tampoco checa confundir un negocio de miles de millones de dólares, donde hay demasiados interesados, algunos legítimos, otros a la caza de una oportunidad, con un ataque a la libertad de expresión.

¿Por qué permitimos la (otra) “imposición”?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Si no fuera necesario, casi obligado, señalar lo evidente, entonces no creo que saldrían tantas perogrulladas de mi pluma, es decir, aserciones que no debieran siquiera ser formuladas en tanto que se refieren, simplemente, a lo que resulta incuestionable por naturaleza.

Pero, miren ustedes, ahí tenemos, para mayores señas, el tema de la “imposición”. Los seguidores de Obrador y algunos de los ciudadanos que no simpatizan con el PRI nos agitan en las narices la especie de que alguien les está imponiendo algo a ellos. Así, nada más. Naturalmente, no desean recordar que salimos todos a votar el pasado 1º de julio, que en esas votaciones se reflejó la voluntad de millones de ciudadanos y que eso, un proceso llevado a cabo de manera perfectamente ordenada, no es en lo absoluto una “imposición” sino un ejemplar ejercicio democrático.

Ah, y vaya esfuerzo que nos ha costado a los mexicanos llegar hasta aquí para que los fanáticos y los intolerantes descalifiquen arteramente nuestros desvelos y nuestras luchas ciudadanas. Pero no se quedan ahí: amenazan ahora con cerrar carreteras, bloquear las entradas a las ciudades y armar desórdenes tremendamente perjudiciales para los trabajadores, los estudiantes, los empleados, los comerciantes y los empresarios de este país; gente que no tiene nada qué ver con ninguna posible “imposición” pero que se verá directísimamente afectada por las acciones de los revoltosos.

Me pregunto, ¿por qué diablos nos quedamos cruzados de brazos y agachamos la cabeza cuando esos grupos minoritarios se cruzan en el camino y nos impiden, a nosotros, llegar al trabajo o dejar a los hijos en la escuela o vender nuestras mercancías en la tienda o acudir al banco? Dicho en otras palabras, ¿por qué permitimos, ahí sí, está arbitraria imposición? Y, sobre todo, ¿por qué no intervienen las autoridades para preservar y garantizar el orden público siendo que tienen toda la legitimidad para hacerlo?

Preguntas, como decía al comenzar estas líneas, que no deberían siquiera ser formuladas.