agosto 22, 2012

La Primera Maestra de México

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

La maestra, la famosa Maquiaelba, quien hizo otro osazo, del mismo que pretende curarse en salud diciéndonos ignorantes…

Cuando escuchamos el nombre Elba Esther de inmediato pensamos en muchos adjetivos y circunstancias poco favorables, porque qué se puede decir de tan mencionado personaje. Y es que si alguien, en el remoto caso, quisiera defenderla del escarnio público, ella sola se encarga de recalcarnos por qué le recordamos la variedad de expresiones utilizadas para referirnos a su persona.

Es por eso que hoy escribimos de La Maestra, la famosa Maquiaelba, quien hizo otro osazo, del mismo que pretende curarse en salud diciéndonos ignorantes…

Y es que en su discurso del lunes pasado dijo que ya casi llegábamos a los 30 billones de educandos, cuando la realidad es que debió ser millones, pues fueron 27 millones los estudiantes que regresaron a clases. Billones, ¡pfff!, la cantidad de maestros no dispuestos a que se les evalúe (sic) que necesitaríamos para semejante matrícula.

Después, en vez de decir “avanzar”, dijo “avianzar”. Y, pues, perdón, pero si no habláramos de quien en lugar de decir “Influenza AH1N1”, dijo “Influencia AHNLN”, pasaríamos el error por alto… además, ¡es Elba Esther!

Y cuando ya casi la libraba sin hacer tanto oso, hizo referencia al triunfo olímpico de México, pero no del oro en futbol en Londres, ese que celebramos hace un par de semanas, sino de uno de la competencia de beisbol para menores de entre 11 y 12 años. O, al menos así lo justificó un comunicado enviado por el SNTE, donde también nos dicen que cualquier comentario en contra de Maquiaelba no es más sino pura mala leche, porque ni enterados estamos de ese tipo de triunfos, como ése al que originalmente hizo referencia Elba Esther. Que qué mala onda somos.

Pero no, no es mala onda, y es que casi al final del mismo discurso, se refirió también a la cantidad de maestros que recibirán estímulos por calidad docente: “2 mil 35 mil”, dijo, retando al mismísimo Aurelio Ángel Baldor.

Estos que mencionamos no han sido sus primeros o únicos errores, pues ya han sido varias las equivocaciones de la Primera Maestra de México, como seguramente le gustaría que nos refiriéramos a ella, pero para su mala suerte en México no existen los títulos nobiliarios. También recordamos cuando dijo mal el lema de la UNAM, cuando se trabó en su intento de pronunciar la palabra “epidemiológico”… y, algunos otros más.

Pero, bueno, la finalidad del comunicado que enviaron de su oficina para calmar las burlas, o sea, la mala leche que le tenemos a la pobre Maquiaelba, es hacer que todos reflexionemos antes de criticarla. O sea, que le meditemos para encontrar el verdadero significado de lo que dice. Es decir, como ya anda diciendo la vox pópuli, que cuando escuchemos de su boca un “ya se va a retirar”, en realidad, lo que deberemos entender es que “ya se va a restirar”…

Crisis de identidad

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

A primera vista, parece tonto preguntarse ¿quién soy? Pero cuando se da uno cuenta de que es el cerebro, y no el cuerpo, la sede de la conciencia, comienzan los problemas. ¿Soy yo mi cuerpo, o habito mi cuerpo? ¿Soy mi cerebro? Este es material para noches de insomnio…

Pero los problemas de identidad afloran también en otros niveles. Solía pensarse que, a nivel biológico, los humanos somos individuos formados, sí, por billones de células, pero provenientes todas ellas de un único óvulo fertilizado y que comparten un mismo genoma. Pero los resultados del Proyecto del Microbioma Humano publicados en junio pasado confirman que esa perspectiva es errónea.

El proyecto, financiado por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, tiene como objetivo estudiar el microbioma: el conjunto de genes de todos los microorganismos que no solo viven en nuestro cuerpo, sino que le son indispensables para vivir.

Podría sonar exagerado darle tanta importancia los microbios, hasta que se entera uno de que hay ¡diez veces! más células microbianas que humanas en el “cuerpo humano”. Y que dependemos de ellas para procesos tan básicos como la digestión, la producción de vitaminas, la maduración y regulación del sistema inmunitario, el combate a infecciones y otros.

Y se está descubriendo, al descifrar los genomas de las 10 mil especies de bacterias con los que convivimos en simbiosis, que estos microbios pueden también tener una influencia importante en enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes, el cáncer, las alteraciones inflamatorias digestivas como la colitis o el síndrome de Crohn, e incluso las alteraciones cardiacas, el asma, la esclerosis múltiple y el autismo. No porque las causen, sino porque el tipo de microbios que uno tiene parece estar relacionado con la probabilidad de padecerlas.

El microbioma humano consta de unos 3 millones de genes. Comparados con los 23 mil de nuestro genoma, han constituido, evolutivamente, un recurso importantísimo para nuestra supervivencia. Estudiarlo nos permitirá, literalmente, conocernos mejor: entender que somos algo más que nuestro cuerpo o nuestro genoma. Somos una comunidad que ha coevolucionado: un ecosistema.