septiembre 06, 2012

Carta a Alonso Lujambio

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Ex presidente nacional del PAN

Muy apreciado Alonso: no acostumbro divulgar mis comunicaciones privadas. Rompo esta línea de conducta para hacerte un reconocimiento público. Tu cumpleaños —2 de septiembre— y tu protesta como senador de la república lo motivan. Deseo que la presente se sume a la espontánea ovación de bienvenida que te brindaron tus nuevos colegas legisladores y sea una prolongación del abrazo que te di el domingo en la convivencia por tus 50 años.

Los homenajes pueden ser discretos o abiertos, quien los ofrece escoge la forma en que quiere rendirlos. En esta ocasión elijo la segunda, porque tu regreso al escenario político es un ejemplo de entereza digno de ser destacado.

Tu decisión de apersonarte en el Parlamento en condiciones de salud muy difíciles sin duda procede de una gran fuerza interior, virtud lamentablemente hoy muy escasa entre nuestra clase política; ella sí, verdaderamente enferma de frivolidad, ambiciones desmedidas de toda clase, centaverismo, vacía de valores, de ideales y de auténtico patriotismo.

Los medios de comunicación han concedido el espacio noticioso que amerita tu valeroso y esforzado arribo a la Cámara de Senadores. Algunos lo hicieron con cierto morbo, otros con respeto, los menos alcanzaron a aquilatar el significado que encierra tu testimonio público. No nos extrañemos. A muchos comentaristas y observadores les resulta muy difícil encontrar las claves para una interpretación trascendente de tu firmeza de ánimo, porque han sido instrumentos de quienes han convertido la política mexicana en un espectáculo de carilindos y boberías. Cuando sucede algo como lo que tú has hecho no saben qué decir.

Tu gesto, al cumplir puntualmente, contra viento y marea, con la obligación de asumir el cargo para el que fuiste electo, es altamente edificante en un ambiente en el que abunda el abuso, la irresponsabilidad y el ausentismo.

Dar la cara en el Parlamento, sin ocultar tus padecimientos, en el día y la hora en que la ley ordena que debías comparecer para tomar protesta, al lado de muchos personajes que apenas hace unas semanas en las recientes campañas, conforme a los dictados de la mercadotecnia electoral falsearon su verdadero rostro recurriendo al photoshop, al gel en cantidades industriales y a toda clase de artificios para proyectar lo que no son, aporta dignidad al Senado.

Lo dignifica porque privilegia el ser, no el parecer. Porque coloca por encima de los maquillajes y de las máscaras sonrientes la autenticidad de tu compromiso con los valores y las convicciones en las que crees y en las que militas, lo que te mueve a hacer el máximo esfuerzo hasta el límite de tus fuerzas por el bien de México.

Me sacudió profundamente escucharte decir al grupo de familiares y amigos, que a invitación del presidente Felipe Calderón y Margarita, su esposa, nos congregamos para estar contigo en tu cumpleaños, que decidiste escoger el terreno de la batalla por tu salud en tu tierra. Dejaste “la pequeña roca” allá en la lejana Arkansas, para recibir los cuidados médicos aquí y así poderte incorporar a las tareas legislativas. Eso es genuino patriotismo, el de verdad, el que pone de por medio la propia vida. No los desplantes de ciertos personajes que pronuncian discursos dizque nacionalistas con los que encubren sus apetitos de poder, pero que no son capaces de realizar el más mínimo sacrificio personal por el país.

Con gran sentido del humor te autonombraste “el pirata del Senado”. Es de personas inteligentes saberse reír de sí mismas. Pero, admíteme la corrección, yo diría que eres todo lo contrario, un caballero en el Senado, un señor que por su autenticidad, valentía y fidelidad a su vocación política habrá de inspirar la conducta de todos aquellos que con recta intención quieren ocuparse de la cosa pública.

Guardadas las proporciones y diferencias específicas, tu retorno al país como senador, encarando con grandeza al foro político, me recuerda el ejemplo de congruencia que dio al mundo el papa Juan Pablo II, quien fue un defensor incansable de la dignidad de la persona humana y denodado promotor de la cultura de la vida. Devastado por el mal de Parkinson se sostuvo por largos lustros en el cumplimiento de su deber. Para los adoradores de la buena imagen, para los cultores de la belleza superficial la presencia del anciano pontífice, encorvado y enfermo, les resultaba intolerable. Nunca entendieron el mensaje de aliento espiritual que Karol Wojtyla transmitía a millones de personas con su aparición en esas condiciones.

Querido amigo: vas a ser un senador muy importante. Todo lo que hagas y digas tendrá un doble valor porque sabemos de antemano que no estás preocupado por cuidar las formas o limitado por los respetos humanos. Nos estás demostrando en grado heroico que tu prioridad es México, por tanto, tu decir y obrar serán punto de referencia. De alguna manera esta condición es un privilegio. Extraño y paradójico, incluso doloroso, pero no lo dudes, serás el legislador de mayor peso moral.

Te reitero mi afectuoso abrazo.

¿Ahora sí y en 2000 y 2006 no?

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

Ya calificada la elección presidencial y entregada la constancia de mayoría y de presidente electo a Enrique Peña Nieto las protestas por las diversas manipulaciones reales e imaginarias de la elección presidencial pasan a mejor vida. Habrá quienes insistan en desconocer a Peña Nieto como Presidente o quienes sostengan que la votación del 1o. de julio se vio tan empañada por todo el proceso previo que, más allá de la legalidad, no existen condiciones para considerar que la elección fue legítima y democrática. Y sé que hay gente de buena fe que comparte una u otra de estas posturas, o ambas a la vez; aunque, por supuesto, hay muchísimos adeptos de las mismas que lo dicen menos, justamente, de buena fe.

Aquellos y aquellas que no pequen de honestidad intelectual, sin embargo, para poder seguir argumentando lo que han afirmado tendrán que, por lo menos, hacerse algunas preguntas y encontrar respuestas verosímiles. No me referiré a las interrogantes que tanto se han esgrimido: ¿por qué cuestionar la elección de Peña y no de los diputados, senadores y gobernadores o equivalentes del PRD? ¿Por qué haber participado en alguna elección si los dados estaban tan cargados desde hace tanto tiempo como ahora se pretende? ¿Por qué haber aprobado leyes, modificaciones constitucionales y nominaciones de consejeros del IFE y magistrados del Tribunal Electoral que desembocaron en este "desastre"? Todas estas preguntas son válidas y han sido insistentemente formuladas y no han recibido respuestas mínimamente creíbles. Pero hay otras.

Supongamos que en esta elección en México, como en casi todas las elecciones en todas partes, hubo "compra de votos", es decir, que partidos, candidatos o instituciones recurrieron a estratagemas pecuniarias para conseguir el sufragio de un número determinado de ciudadanos. Supongamos que si bien todos lo partidos incurrieron en estos vicios, el PRI lo hizo mucho más que los otros, de tal suerte que su ventaja neta, descontando la compra del PAN y del PRD, sumara los 5 millones de los votos que dice AMLO. Y supongamos, por último, que aunque esto no se pudiera demostrar, y aunque no sea causal de nulidad de la elección, constituye un vicio moral de origen tal que ninguna elección con esas características puede resultar aceptable para un demócrata. La pregunta es ¿por qué el PRI no pudo recurrir a estas mismas prácticas, y alcanzar los mismos resultados, y engañar con la misma malicia a todos los mexicanos, en 2000 y en 2006? En las elecciones de 2000, como se sabe, Fox ganó por 6.4% y más de 2 millones de votos; en las de 2006, Calderón y AMLO le ganaron a Roberto Madrazo por un margen de 13% equivalente a más de 5 millones de votos. En ambos comicios el PRI controlaba las gubernaturas de los estados que controla ahora: Estado de México, Veracruz, Coahuila y Tamaulipas. Muchos de sus cuadros eran los mismos, empezando por supuesto por Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México en funciones en 2006, y jefe verdadero del PRI en 2012. Los de 2000 no eran precisamente neófitos en estos menesteres: desde Esteban Moctezuma, jefe de campaña de Labastida, hasta el legendario "Meme" Garza González. Peor tantito: en 2000, el PRI contaba con el aparato del Estado federal, la Presidencia de la República, Sedesol y toda la burocracia gubernamental.

Existen a primera vista sólo tres respuestas a estas preguntas: primero, la legislación electoral impedía en las dos primeras elecciones lo que permitió en la tercera; qué idiotas entonces los que cambiaron leyes que beneficiaban a los mismos que hoy resultaron perjudicados. Segunda opción, los del PRI de ahora son más listos y más cínicos que los de entonces; ¿no que son los mismos de siempre? Tercera posibilidad, los dirigentes de la izquierda de ahora son más ineptos o más ingenuos que los de entonces; pequeño problema, también son los mismos. Ojalá haya respuestas mínimamente coherentes para estas preguntas.

La “civilidad” de AMLO

Juan José Rodríguez Prats
Excélsior

En 1998 estuve a punto de lograr una hazaña: reunir en una cena en mi hogar a los entonces presidentes del PAN (Felipe Calderón Hinojosa) y del PRD (Andrés Manuel López Obrador) con sus esposas, Margarita Zavala y Rocío Beltrán (QEPD), mujer a quien le tuve admiración y respeto.

Por si la discusión se tornaba difícil, invité a un buen amigo, intelectual íntegro y capaz, Agustín Basave Benítez, como moderador. Mi esposa se esmeró en preparar la reunión, de la cual yo esperaba que surgieran mínimas reglas de respeto y entendimiento para dar la batalla contra el PRI y en la perspectiva de una alternancia en el año 2000. Todos asistieron, excepto López Obrador, quien a última hora canceló, lo cual me confirmó su rechazo, ya no digamos al acuerdo, ni siquiera al acercamiento con quienes no comulgan con sus ideas o dictados.

En febrero de 2000, algunos tabasqueños conformamos un frente con el propósito de lograr una candidatura común al gobierno de Tabasco. Tuve entonces un desagradable desencuentro con Andrés Manuel en casa de Héctor Argüello (QEPD). Después de escuchar mis reclamos al primero motivados por los insultos de farsantes e hipócritas propinados a los militantes panistas y a Vicente Fox, Argüello comentó: “Esto ya se acabó. Nadie le habla así a mi compadre”. Efectivamente, se rompió con él toda comunicación, a pesar de la promesa de mantenerla.

Lo anterior viene a cuento porque considero que AMLO se niega a todo tipo de acuerdo. Una vez empecinado en una postura, no la modifica así se le ofrezcan evidencias claras de su equivocación. Su falta de tolerancia y de respeto a sus adversarios políticos lo han hecho una y otra vez negarse a asumir compromisos que pudieron haber impulsado nuestro lento proceso de consolidación democrática. El momento más relevante se dio cuando, después de sus triunfos electorales en 2000, Fox trató de tender puentes con Obrador, quien rompió el diálogo con sus permanentes agresiones.

Él siempre alude a la civilidad, pero propicia acciones ilegales, como bloquear pozos y no pagar la electricidad en Tabasco. Logró la candidatura a jefe de Gobierno del DF sin cumplir los requisitos de ley. Violó un amparo que motivó el intento de desafuero. Por último, bloqueó varias semanas Paseo de la Reforma, ocasionando enormes pérdidas económicas. Cita siempre una frase de José María Iglesias: “Al margen de la ley, nada. Por encima de la ley, nadie”. Pero su estrategia radica en violarla para provocar una reacción del Estado y, así, ostentarse como mártir. Es la manera de nutrir su movimiento y mantener movilizadas a sus bases. En un débil Estado de derecho, con legitimidad cuestionada y donde hay circunstancias de irritación, el ambiente es propicio para preservar su liderazgo. Esto le permite sentirse más cómodo para asumir un discurso voluntarista, bien definido por Everardo Elizondo como “postura o práctica, donde la voluntad de los sujetos políticos se considera decisiva”. Esta noción, dice Elizondo, “refleja la soberbia de los proponentes, encaramados en su endeble percha moral”.

Las próximas semanas serán decisivas para el futuro de los grupos autodenominados de izquierdas, los cuales, ya en el reconocimiento de su pluralidad, están aceptando su endeble sustento doctrinario. Estoy seguro de que AMLO seguirá cobijándose en la civilidad, agrediendo al régimen, propiciando una inestabilidad permanente y obstruyendo acuerdos que benefician al país. Lo ha hecho desde 1988, al dejar las filas del PRI. Sorprende que, a estas alturas, haya seguidores de quien reiteradamente le ha causado un inmenso daño al país. Tal vez se explique por la arraigada obsesión de admirar a líderes autoritarios. ¿Hasta qué punto consentirán los otros líderes esta actitud? El tiempo nos dará la respuesta.