octubre 08, 2012

Crueldad

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Tolvanera
Reforma

Este es el país de los decapitados, los cocinados en ácido, los muertos hechos pozole, los descuartizados o enterrados vivos en fosas inencontrables. Las matazones en caliente, los plagios de encapuchados, los batazos en los cuerpos para arrancar "confesiones". La asfixia, la mutilación, el descuartizamiento.

Es la lógica de la muerte como lógica del poder. La lógica de la gobernabilidad. Los territorios se conquistan con crueldad. Con amenazas y con la aniquilación. La aniquilación es el mensaje. La cartulina es lo de menos. La reivindicación, la cruz puesta en el territorio de los vencidos, es más grande conforme el sadismo aplicado.

No es un asunto consustancial a los criminales sino parece ya inherente a las fuerzas de seguridad del Estado. O dicho de otra forma, unos y otros hablan con los mismos códigos, las mismas señas, las mismas sañas, las mismas marcas.

En el sexenio que fenece, la tortura y tratos crueles contra civiles de parte de uniformados federales incrementó si uno atiende al número de quejas presentadas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

De 2006 al 2012, la CNDH recibió 89 quejas contra elementos del Ejército, la Marina y la Policía Federal solamente por actos de tortura, es decir actos desde el poder para arrancar confesiones o versiones sobre un hecho violento. Y las denuncias por tratos crueles, inhumanos y degradantes crecieron de 85 a mil 497, según cifras de la misma CNDH. (Reforma, 07/10/12).

El problema es que de 127 recomendaciones dirigidas a Sedena solamente 10 fueron cumplidas. La Policía Federal cumplió una de 31 y la Marina una de 22 recomendaciones de la CNDH.

Una señora de Ensenada culpada indebidamente, tras tormentos, de sobornar a militares; un muchacho de 22 años de Vallarta, Jalisco, asesinado por agentes de PGR de dos tiros en la cabeza sin mediar investigación, orden de aprehensión ni sospecha alguna sobre su circunstancia. Marinos que torturaron a palazos a detenidos y así, la cadena de historias donde los uniformados a sueldo público aniquilan a inocentes.

El asesinato del hijo del ex gobernador Humberto Moreira colma la crisis. La mera sospecha lleva al desmantelamiento de todo un cuerpo de policía municipal. A confesión de parte, relevo de mandos. Tú y yo somos uno mismo. Policías y ladrones, comandantes y sicarios, alcaldes y capos, mancuernas del desgobierno.

Moreira culpa desde el dolor de un padre despojado y agraviado a la guerra de nuestros días. Obvio, no asume responsabilidades. En la postración de su duelo no mira las herencias dejadas en familia. Su hermano Rubén, también en silencio, persigue a los sospechosos. No son, está claro, los que gobiernan el territorio. Vale más la orden del jefe criminal a un policía para que actúe que la de un gobernador electo. No se necesita de investigación especializada para entender que hay zonas del país ajenas al gobierno institucional y en manos del gobierno criminal.

El catálogo de apodos ha sido repetido en anuncios mediáticos. Gobernadores como el propio Humberto Moreira comentaban con azoro cómo el presidente Felipe Calderón tenía en la memoria de manera impecable vida y obra de criminales, zonas de influencia, vicios y virtudes y poco o nada sabía de las circunstancias económicas y sociales que afectaban a las poblaciones que visitaba en sus giras.

Y sí. Hasta la saciedad nos han dicho que los peores están presos o muertos pero la circunstancia, el entorno, la vida, no es mejor para los ciudadanos. La pulverización de las bandas ha devenido en una reproducción de las crueldades tanto de criminales como de agentes a sueldo público para la mera ratificación de que la ingobernabilidad acompaña la tragedia de los ciudadanos.

La crisis de Coahuila topa con la crisis de la gobernabilidad mexicana. No tiene que ver con procesos electorales dudosos sino con autoridades depuestas de facto o comprometidas con los poderes criminales. El alcalde de Teloloapan, Guerrero, Ignacio de Jesús Valladares, confiesa en un video casero que gobernará para un grupo y obedecerá sus consignas. A Coahuila, apenas mataron al hijo de Moreira, fue enviado un batallón de centenas de policías y soldados... para tapar la fosa. A Teloloapan, apenas se supo del video que postraba al alcalde legítimamente electo, y el gobierno federal hizo mutis. Acaso ahorra para las coronas fúnebres y las futuras condolencias, que es lo que sabe hacer como si fuera su oficio. Sale más barato en su estrategia de seguridad elevar los pésames que proteger a los ciudadanos.

La crisis es de gobernabilidad. Los poderes están erosionados por las mismas complicidades de criminales y políticos, de policías y sicarios. Los gobiernos no funcionan bajo las reglas, las leyes y las normas vigentes. Los poderes son otros. Y la crueldad es el mensaje, la vigencia, la regla, el sello.

La debilidad de Felipe

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Sucedió en la comida de Felipe Calderón con los dirigentes de las organizaciones empresariales en Los Pinos. Estos le pidieron al Presidente de la República que interviniera ante los senadores del Partido Acción Nacional para aprobar, en sus términos, la minuta enviada por la Cámara de Diputados.

La respuesta que les dio el anfitrión los dejó atónitos. “Por el tiempo que me queda, no me alcanza la fuerza política en este tema. Trátenlo con Madero. Tiene más fuerza política que yo”, les dijo el Presidente de la Republica, según el mensaje telefónico enviado, por uno de los asistentes a ese evento, a un priista.

Los patrones apenas podían creer esa confesión de debilidad. Los más viejos comentaban que nunca habían escuchado a un primer mandatario saliente decir lo que acababan de escuchar. Mucho menos a aceptar que el jefe nacional del partido podía más que él, en cualquier tema. Pero los tiempos cambian.

En altos niveles de la Cámara alta nos confirman lo que ayer escribimos aquí. Los senadores no le van a modificar ni una coma a la famosa minuta sobre la Ley Federal del Trabajo. Modificarla equivaldría a congelarla, a perder lo aprobado. La minuta tendría que regresar a San Lázaro. No hay ley reglamentaria que diga que la iniciativa mantiene su carácter de preferente si la regresan a San Lázaro con cambios. Tampoco lo contrario. Ese vacío la pone en riesgo. Pero además, los poderosos charros —incrustados en el PRI— ya dejaron claro que no quieren saber nada de democracia sindical, ni de transparencia. Uno de los senadores que participa en las negociaciones que desarrolla la Comisión del Trabajo nos dijo ayer que Ernesto Cordero “juega para la tribuna” cuando se pronuncia en contra de la opacidad y la antidemocracia sindical. “Afuera dicen una cosa y aquí adentro piden que la aprobemos ya”, nos dijo

Esta “simulación” —así la califican legisladores perredistas y priistas— fue alimentada ayer por Javier Lozano. El también senador del PAN fue cuestionado sobre los puntos donde su partido va de la mano con el PRD en la controvertida reforma.

“Son los aspectos propios de transparencia y democracia sindical: el voto libre, directo y secreto para elegir a las directivas de los sindicatos; la rendición de cuentas efectiva, periódicamente, por parte de las dirigencias de los sindicatos para los trabajadores, no para el gobierno; el que esa rendición de cuentas venga también acompañada en sindicatos grandes de más de 150 gremios por un dictamen de auditor externo que verifique que efectivamente lo que se está reportando es realidad, y buscar mecanismos al interior de los sindicatos para que cualquier persona en cualquier momento también le pueda solicitar información a su dirigencia”, respondió el ex secretario del Trabajo.

La declaración de Lozano arrancó la sonrisa del senador con el que hablábamos. “Estamos al borde del posicionamiento real y la demagogia”, nos dijo mordaz. El ex titular de la STPS hizo una propuesta que, a juicio de viejos legisladores, refleja su ignorancia sobre los temas de la vida parlamentaria.

Dicen los priistas que propuso, ni más ni menos, aprobar lo que llegó de San Lázaro tal como está, y devolver al Palacio Legislativo las enmiendas que se le hagan a la minuta. “No se puede. La minuta tendría que regresar completita a la Cámara de Diputados”, aseguró el veterano legislador

Dos controvertidos políticos de Guerrero se reunieron el jueves a comer en el restaurante Casa Hevia, de Polanco. Se trata del ex alcalde priista de Acapulco, Manuel Añorve, y del ex gobernador perredista Zeferino Torreblanca. Clientes del selecto restaurante nos dijeron que ambos comensales charlaron más de dos horas.

Se preguntan si entre los temas de conversación estaría la bancarrota en la que el diputado Añorve dejó el Puerto de Acapulco, o sobre el desarrollo del proceso en contra del ex gobernador Torreblanca por supuestas irregularidades en el manejo de más de mil millones de pesos. ¿O los dos?

No puedo terminar esta columna sin mencionar la rabia, impotencia, coraje, tristeza que me produjo ver la imagen de Humberto Moreira cargando el féretro de su hijo. Era la de un hombre devastado. No alcanzan las palabras para describir el dolor que vi reflejado en ese rostro que mezclaba sudor y lágrimas.

Y es que nada bueno anuncia el asesinato de José Eduardo Moreira. Era un chavo limpio, de apenas 25 años, que pagó con su vida su pertenencia a la familia que gobierna Coahuila hace siete años (con un paréntesis de alrededor de un año). Ese fue su delito. Por eso lo sentenciaron y lo mataron.

“Este asesinato trae un pésimo mensaje a toda la clase política. Le da ideas al crimen organizado de cómo amedrentarnos. La mayor parte de los que andamos en esto no tenemos seguridad. Ni nosotros ni nuestras familias”, nos decía ayer un político del norte, que ni su nombre quiso dar. Lo usual en este desquiciado país: hay cuatro policías arraigados por el asesinato.

La vida, concluía el anónimo político, es por demás caprichosa. Al profesor Moreira le sonreía hace apenas un año Era el presidente nacional del PRI. Su hermano Rubén era gobernador electo de Coahuila. El moreirazo iba a la baja. Pero la experiencia nos enseña que de un momento a otro cambia todo.

Moraleja de la semana (cortesía de Mahatma Gandhi ): Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.

Ese video de cuando el 'narco' sometió al Estado mexicano…

Juan Pablo Becerra-Acosta (@jpbecerraacosta)
Doble Fondo
Milenio

El lunes pasado muchos mexicanos observamos uno de los videos más espeluznantes que se hayan visto durante esta guerra entre narcos y contra el crimen organizado: no mostraba escenas brutales de violencia, pero sí la frialdad con que un par de sicarios amenazan, amedrentan y humillan a un alcalde: Ignacio Valladares, de Teloloapan, Guerrero.

El 14 de septiembre, el ex diputado local del PRD fue interceptado cerca de su domicilio por un comando de presuntos integrantes del cártel de La Familia michoacana que se lo llevó “para el monte”, como relató él. Los tipos se sentaron al lado del hombre, dentro de su camioneta, y grabaron con un teléfono móvil. Ahí, en algún paraje, en la noche, con un tonito suave pero aterrador, los sujetos le advirtieron que él no debe intervenir en el tráfico de droga que ese cártel realiza en la zona calentana; que sus policías tampoco; que si éstos no obedecen él deberá proceder contra ellos o el cártel hará lo propio; y que si él no respeta el “acuerdo” que le imponían en ese momento, pues que así le irá…

La mirada de Valladares era elocuente: miedo, mucho miedo tenía. Por momentos intentaba hilar frases que le permitieran conservar una pisca de dignidad, pero, ¿qué podía hacer este hombre ahí, en medio de la nada, ante esa gente armada? ¿Qué le hubieran hecho si se ponía bravo? ¿Ejecutarlo? Seguramente traían sus órdenes...

Valladares representaba esa noche y en ese lugar al Estado mexicano. En él estaba depositada la autoridad, la esencia del Estado. Y ese Estado, absolutamente indefenso, fue sometido, doblegado por los hampones. Así de fuerte, de alarmante es el simbolismo de ese video. Y Valladares tuvo suerte: de acuerdo con la Asociación Nacional de Alcaldes ya van 31 de los suyos ejecutados en el sexenio a manos del poder paralelo de los criminales.

Por eso, cada vez que miro ese video me viene a la mente una imagen dramática: la bandera mexicana quemada, desgarrada. ¿Cuántos municipios de cuántos estados hemos visitado los reporteros donde hemos constatado que el miedo impuesto por los narcos y sus vertientes criminales es lo que gobierna? Yo lo he visto en poblaciones de Baja California, Chihuahua, Durango, Sonora, Coahuila, Nuevo León, Morelos, Jalisco, Guerrero, Michoacán, Veracruz y Tamaulipas…

Asumo que Enrique Peña Nieto, y quienes le aconsejan, como Miguel Osorio Chong, Roberto Campa, Luis Videgaray, y el general colombiano Óscar Naranjo, habrán visto ese video. Y supongo que, después de la ejecución del hijo de Humberto Moreira, les habrá quedado claro que la guerra contra el crimen organizado debe continuar. Con los cambios que se requieran, y haciendo pagar severamente a las fuerzas del Estado que han abusado o delinquido, pero debe ser una política de Estado transexenal.

¿O van a acordar una pax narca? Pregunto…