octubre 19, 2012

Se necesita un acuerdo nacional

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Ex presidente nacional del PAN

Nubarrones en el ambiente político se acumulan conforme se acerca el arribo del nuevo gobierno. Las señales de calma chicha provenientes del abundante despliegue de cortesías y buenas maneras que se dispensan mutuamente los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto en este largo periodo de traspaso de responsabilidades, se pierden ante los truenos provenientes de los rumbos del Parlamento. No se alcanza a ver con claridad si va a caer un aguacero normal de fin de temporada o una tromba con efectos dañinos para el futuro del país.
El pulso que se está jugando en la Cámara de Senadores por la reforma laboral destruyó el clima paradisiaco generado después de su aprobación por una sólida mayoría multipartidista en la Cámara de Diputados.

En el Senado el PAN y el PRI se han instalado en una guerra de posiciones cuyo resultado no va a dejar buenos saldos para los principales forcejeantes y reportará abundantes ganancias para el conjunto de las izquierdas que en esta batalla hace las veces de comando zapador del proyecto.

Los escenarios previsibles están a la vista: si los senadores tricolores, con el apoyo de unos cuantos faltistas u omisos de la oposición salen victoriosos, la nueva ley se enviará al Ejecutivo el que la mandará promulgar de inmediato, dado que se trata de una de sus iniciativas preferentes. Pero sería una victoria pírrica pues sacrificarían, en una batalla táctica, su credibilidad como alternativa modernizadora.

En el caso de que el bloque PAN-izquierdas gane la partida en el Senado y al regresar el proyecto de ley a los diputados el rugiente parque jurásico tricolor cumpla sus amenazas de liquidar definitivamente este nuevo intento de poner al día las normas laborales, el descrédito será principalmente para quienes impidieron la reforma. Esa cerrazón le hará daño a todo el país.

Una tercer escenario es que de entre los senadores y diputados surja un talentoso liderazgo negociador que rompa el impasse en el que ahora se encuentran y se logre una buena ley aunque no sea perfecta. Esa posibilidad existe si las bancadas priístas son leales a la línea que les tiró el próximo presidente desde Europa favorable a la transparencia en los sindicatos. A su vez, en el flanco panista convendría que, sin perder el objetivo de democratizar a las organizaciones obreras, se le diera prioridad al tema de la rendición de cuentas de los líderes.

Dada la correlación de fuerzas en el poder legislativo los partidos deben evitar el voluntarismo maximalista de ir por todo o nada. Es la hora del pragmatismo positivo. Unos y otros deben ceder para todos ganar.

A la luz de este paradigmático caso de la reforma laboral podemos prefigurar lo que le podría ocurrir a la futura administración federal, si las grandes transformaciones que ya pregona con bombo y platillo terminan destrozadas entre las fauces de los dinosaurios de todos los colores y sabores.

La situación aconseja que los actores políticos exploren la posibilidad de establecer un gran acuerdo político marco, de alcance nacional, al que sean convocadas todas las fuerzas políticas y sociales a fin de avanzar rápidamente en la agenda de reformas que el país requiere.

El modelo español del Pacto de la Moncloa de 1977 es aplicable. Contra lo que aparece a primera vista la coyuntura política mexicana es propicia para una iniciativa política de esa envergadura. Nuestra economía ha pasado ejemplarmente por el pantano de la crisis internacional pero no puede decir que tiene el plumaje limpio. Hace apenas una semana el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, decía en Tokio cómo la afecta la turbulencia mundial, y advirtió sobre los peligros de un probable agravamiento en el entorno económico externo para el que no estamos pertrechados.

Hay que preparar al país para enfrentar esos tiempos y salir fortalecidos; una de las mejores formas de hacerlo es concretando las reformas pendientes. Si no se han hecho es porque hubo y hay poderosas resistencias a ellas, por eso este es el momento preciso de poner en juego el liderazgo político y conjugar un bloque de poder plural capaz de realizarlas. Es la hora de los estadistas.

El pacto español se logró porque hubo líderes políticos de la talla de Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga Iribarne, ellos superaron sus pasiones ideológicas y recelos partidistas para darle viabilidad económica a la transición democrática.

En México necesitamos políticos de esa estatura para legitimar nuestra democracia, que sean capaces de tomar decisiones difíciles y vencer obstáculos para abrir nuevos horizontes de bienestar sustentable y progreso productivo a esta y a las futuras generaciones de mexicanos.

De mármol y bronce

Carmen Aristegui F.
Reforma

¿Y éste quién es?, es lo que se escucha entre quienes pasan a pie o en automóviles frente al recién remodelado parquecillo que se encuentra entre Reforma y Ghandi, en pleno Chapultepec, en la Ciudad de México. Es la frase de los que observan o ven de reojo a un personaje a quien se erigió una monumental estatua de bronce, sentada en una silla del mismo metal que soporta una gran plancha de mármol blanco y cuyo nombre -desconocido para la mayoría- brilla al sol en letras de oro.

La ubicación se encuentra en un sitio de privilegio. Vecina, en la zona, a la de Mahatma Ghandi, a la de Winston Churchill y a la cabeza de Luis Donaldo Colosio. Acompañada por el museo Tamayo y en las inmediaciones de la polémica Estela de Luz, la estatua del hombre en la silla ha empezado a causar problemas y polémica.

La identidad corresponde a Heydar Aliyev, el fallecido ex presidente de Azerbaiyán, considerado por intelectuales, periodistas y críticos como un gobernante autoritario, antidemocrático y violador de los derechos humanos. Lo identifican, en la historia del Cáucaso, simple y llanamente, como un dictador.

Miembro activo de la KGB en los años sesenta. Secretario del Partido Comunista desde el cual gobernó hasta la disolución de la Unión Soviética. Al fin de la Guerra Fría, continuó gobernando, convertido, entonces, en presidente de Azerbaiyán.

Para describir el perfil de Aliyev, se ha recurrido, en estos días, al obituario publicado en NYT. Gobierno de 30 años, caracterizado por "frecuentes irregularidades electorales, violaciones a los derechos humanos y una prensa amordazada". Descrito como personaje autoritario, que gobernó "con mano de hierro" en medio de un clima de "corrupción, amiguismo e incompetencia", amén del culto a la personalidad registrado en "ciudades y pueblos", decoradas con retratos e imágenes del personaje.

La estatua provoca en los más curiosidad. En los menos, pero que van en aumento, indignación. Se suman voces que alertan al resto de que no es aceptable una estatua así en nuestra ciudad.

Personajes de relevancia pública han llamado la atención sobre el tema. No pueden sino ser sino escuchados.

José Sarukhán, Jean Meyer, Homero Aridjis, Jacobo Dayán, director de contenidos del Museo Memoria y Tolerancia, Guillermo Osorno, editor de Gatopardo, y Andrés Lajous, entre otras voces, se han pronunciado y escrito sobre el tema Azerbaiyán y el activismo diplomático que se ha desplegado en México, con aportaciones millonarias de un régimen que busca ser considerado como "una joven democracia".

Son voces que se inconforman, no solo por la estatua de Reforma sino por el monumento y la placa colocados en la remodelada plaza de Tlaxcoaque dedicados a la matanza de Jodyali, a la que han llamado genocidio, abriendo -con ello- otro punto de debate.

El doctor Sarukhan, investigador emérito de la UNAM, escribió en marzo de éste año en El Universal el texto "Ignorar la historia". Si bien no aludía a la estatua ni al monumento y placa en Tlaxcoaque (cuya redacción insólita -más allá del contenido- quedó inscrita también en letras de bronce) porque aún no habían sido inaugurados ni dados a conocer, sí se pronunció acerca lo que llamo "cabildeo de la embajada azerí en las Cámaras de Diputados y Senadores", poniendo en cuestión, entre otras cosas, que se llame "genocidio" a lo de Jodyali. "Ahí murieron 613 personas azeríes, lo cual, sin duda, es desafortunado desde cualquier punto de vista. Pero igualmente murieron miles de civiles armenios en otros combates de este tiempo".

Por su parte, Jacobo Dayán, sin negar que la matanza ocurrida en febrero de 1992 es condenable, también opina que usar la palabra genocidio para Jodyali en la placa alusiva en Tlaxcoaque es, como la estatua de Aliyev en Reforma, un asunto inaceptable.

El punto es que las obras de remodelación e instalación de los monumentos fueron financiadas por el gobierno de Azerbaiyán encabezado, por cierto, por el hijo del Heyder Aliyev, el hombre de la estatua. La donación rondó los seis millones de dólares. Fácil no está, porque todo ya esta instalado.

¿Puede un gobernante rectificar después de una decisión tomada, aunque esto implique quitar o modificar la placa de un monumento y retirar una enorme estatua de bronce y mármol acompañada con letras de oro instalada ya en una avenida principal? Pues sí. Eso es lo que se le pide al gobierno de Marcelo Ebrard. No sería la primera vez en el mundo, ni en México, que se retiren estatuas y monumentos.

Lo hemos visto bajo mandato legal, tal como ocurrió en España para erradicar los símbolos del franquismo. Hay registro de asaltos airados que tumban estatuas a manos de quienes sienten agravio en lugar de veneración.

No parece ser el caso para un personaje como Heydar Aliyev -en México prácticamente desconocido.

Las voces que se han expresado lo han hecho de forma crítica y civilizada desde una revisión informada e histórica sobre lo que el personaje representa.

Lo que se pide a un gobierno es que reconsidere una decisión que ha tomado por sorpresa a la población y ha provocado estas reacciones tan adversas. Homero Aridjis se pregunta, por ejemplo, "¿por qué, sin ningún consenso o preguntas a la población, ponen esta estatua del dictador?".

Corregir el despropósito es una buena manera de concluir una gestión, en lo general exitosa, al frente de la capital. Sobre todo si, a partir de ello, se pretende forjar una candidatura presidencial.

Después de Amanda

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Hasta hoy, tanto sus compañeros como su familia y quienes leemos su historia, pensamos en lo serio que es el problema del bullying.

Hace unas semanas, exactamente, una joven de 15 años subió un video a YouTube a manera de grito de auxilio. No se escucha su voz, acaso se ve un poco de su cara, pero se leen varios mensajes escritos en hojas de papel, donde Amanda, la chica que grabó el video, narra una historia que, tristemente, tiene trágico final:

Una Amanda de 12 años entra en contacto con un hombre a través de internet. La facilidad que la red da para el contacto con extraños la llevó a interactuar con uno que, al paso del tiempo y el trato, le pidió que le mostrara sus pechos. Ella accedió pensando que se trataba sólo de un episodio más de los millones que se tienen de forma similar todos los días en el mundo, donde al término de la sesión todo acababa, pero no fue así. Un año después, el sujeto comenzó a acosarla por Facebook y, un día, le pidió que se desnudara por completo y que, de negarse, enseñaría fotografías que tomó de aquella primera sesión, que las enviaría a sus amigos, a su familia. Teniendo ubicado su perfil en la red social más famosa del mundo, no le sería nada difícil dar con la gente de su círculo inmediato. Amanda rehusó y él cumplió su palabra.

Una madrugada, alrededor de las cuatro de la mañana, agentes de la policía de la Columbia Británica en Canadá, donde ocurrieron estos hechos, tocaron a la puerta del domicilio de Amanda. Ellos fueron los encargados de avisarle que fotografías suyas habían llegado vía electrónica a varios de sus amigos y familiares. Con ello empezó otra historia.

Amanda fue víctima de bullying. En las varias escuelas en las que fue inscrita tras el incidente, siempre sucedió lo mismo. Compañeros que la agredían de todas las formas posibles. En una secuencia del video, la narración que hace cuenta que en alguna ocasión la aventaron al piso y comenzaron a golpearla. Nadie la respetaba y, en su casa, como si nada pasara.

Esto le trajo una evidente depresión. Se sentía sola, por eso realizó el video: para pedir ayuda. Pero su llamado no hizo eco suficiente, al menos no antes del 10 de octubre, cuando el cuerpo de Amanda fue encontrado sin vida en su habitación.

Se llamaba Amanda Todd, tenía 15 años. Su nombre hoy da la vuelta al mundo junto a ese video que describimos en los párrafos previos. Hasta hoy es que tanto sus compañeros, su familia y toda aquella persona que leemos su historia y, claro, su trágico final, es que nos damos tiempo para pensar en lo serio que es el problema del bullying. No pensaríamos que alguien es capaz de cortar su vida con tal de librarse para siempre del insulto, del maltrato.

Hoy llega a los cines de México la cinta Después de Lucía, dirigida por el mexicano Michel Franco, premiado en el Festival de Cannes por esta misma película. En ella se aborda este tema, el bullying, entendido desde sus entrañas, su origen y paso en la vida, no sólo de quien lo sufre, sino de quienes lo generan.

El bullying está cobrando vidas que se van en pedazos o por completo. Es un tema que comienza a tener un lugar en la agenda de políticas sociales, como la generada por Mario Delgado siendo secretario de Educación del DF; pero debe ocupar un mayor lugar dentro de las casas, de las pláticas entre padres e hijos, porque muchas veces el bullying está oculto detrás de un ensordecedor silencio.


Democracia participativa

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Desde su inicio internet dio vida a diversas utopías, prontamente surgieron ideas de usarla como un medio para la democracia directa. Varios libros sobre ese tema se escribieron en el siglo pasado, en los años setenta y ochenta.

Pero en los últimos tiempos se han puesto de moda los partidos piratas que retoman esas ideas. Al mismo tiempo, florecen esfuerzos o proyectos de democracia electrónica impulsados por jóvenes. Esas propuestas ponen énfasis en que la única forma de darle mayor calidad a la democracia actual es por medio de procesos deliberativos abiertos y, sobre todo, que permitan la intervención directa en la toma de decisiones, por lo cual se abocan a proporcionar las herramientas necesarias para concretarlo.

Algunos esfuerzos destacados, que permiten la intervención ciudadana en cuestiones políticas, son: Debatewise (debatewise.org), Democracy Lab (democracylab.org), Freedom Foundation (myfreedomfoundation.com), Vote to Cracy (www.votetocracy.com) u Open politics (openpolitics.ca.). La mayoría parte de la idea de que los partidos políticos y organizaciones civiles deben retomar la filosofía que ha animado el funcionamiento de internet: su espíritu abierto.

De esa manera, el ejercicio político debe regirse por la transparencia y el libre flujo de la información. Otro ejemplo destacado es lo puesto en marcha en Italia con el LiquidFeedback (liquidfeedback.org), que amalgama tecnología y política con el fin de que las organizaciones políticas tomen sus decisiones vía un referéndum o voto electrónico. LiquidFeedback es un software gratuito para la toma de decisiones y acuerdos.

No es novedoso porque los partidos piratas funcionan de dicha manera, pero sí es una herramienta de gran auxilio para cualquier organización que tenga miembros dispersos por diversas geografías o carezca de fondos para generar una entidad partidaria clásica.

Si bien es cierto que en México constituir partidos políticos piratas pierde sentido porque tenemos una ley electoral restrictiva y anquilosada, también es verdad que LiquidFeedback puede ser un instrumento para que diversas organizaciones políticas o de la sociedad civil lo usen para transparentar y democratizar los procesos de toma de decisión en sus organizaciones.