noviembre 07, 2012

Gorbachev

Sergio Sarmiento (@sergiosarmient4)
Jaque Mate
Reforma

"Si no yo, ¿quién? Y si no ahora, ¿cuándo?". Mijaíl Gorbachev

El último presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachev, recuerda que cuando asumió el cargo de secretario general del Partido Comunista tuvo una reunión con los dirigentes de los países de Europa oriental. Les dijo que la URSS mantendría con ellos sus pactos de defensa ante cualquier agresión, pero a partir de ese momento ya cada uno de los países podría tomar sus decisiones políticas y económicas.

"Les vi los rostros a todos y me di cuenta de que no me creían", dijo el ex Presidente este 5 de noviembre en la Ciudad de México donde recibió el premio Una Vida por la Libertad de Caminos de la Libertad, un proyecto de Grupo Salinas. Y había buenas razones para ser incrédulo. Durante la hegemonía soviética cada vez que los países de Europa oriental habían buscado darse alguna forma de gobierno democrática, como ocurrió en Hungría en 1956 y con Checoslovaquia en 1968, las tropas soviéticas los habían invadido. De hecho, los líderes de esos países, como el germanooriental Erich Honnecker, debían en realidad su permanencia en el poder a la amenaza soviética.

En contraste, cuando Hungría, Alemania oriental y Checoslovaquia abrieron sus fronteras en 1989 y empezaron a establecer regímenes democráticos, Gorbachev no envió tropas a sus territorios. Si hoy se le pregunta a Gorbachev qué pensó en ese entonces sobre la "caída" del muro de Berlín o la revolución de terciopelo de Checoslovaquia, él responde: "Era normal". Ya había empezado un irreversible proceso de democratización.

Mucho se ha dicho que Gorbachev era un comunista al que el gobierno se le fue de las manos. Se le acusa de que, por negligencia, se le desmoronó no sólo el sistema económico sino también la Unión Soviética, la cual dejó de existir en diciembre de 1991. Pero esta semana Gorbachev ha afirmado, por el contrario, que sus reformas siempre buscaron generar las libertades económicas y políticas que al final consiguieron.

Gorbachev nació en Stavropol en 1931 en el seno de una familia campesina. Le tocó vivir no sólo el hambre provocada por la colectivización forzosa de las granjas del país sino también el autoritarismo del régimen estalinista. Su abuelo fue encarcelado por una acusación falsa que convirtió a la familia entera en "enemiga del pueblo".

A pesar de estos antecedentes Gorbachev ingresó al Partido Comunista y ascendió con rapidez en el escalafón. Tenía una licenciatura en derecho de la Universidad Estatal de Moscú. Fue electo por la comunidad a un cargo de liderazgo local en Stavropol y de ahí tuvo una carrera vertiginosa hasta que, en 1985, fue nombrado secretario general del Partido Comunista de la URSS.

Él dice que tenía ya en mente las reformas que quería hacer. La economía soviética llevaba años estancada y la presión de los ciudadanos por mayores libertades era enorme. Por eso impulsó la perestroika, que buscaba liberar las fuerzas del mercado para lograr un mayor crecimiento económico; y la glasnost, que buscaba mayores libertades políticas, de información y de expresión.

Los cambios de Gorbachev crearon una economía de mercado, pero llevaron también a la disolución del imperio soviético. Esto no lo hizo popular. Cuando se presentó como candidato a la Presidencia de Rusia con un nuevo partido socialdemócrata obtuvo solamente el 1 por ciento de los votos.

A pesar de la nostalgia por los viejos tiempos, muy pocos rusos parecen hoy dispuestos a regresar al autoritarismo o a la economía comunista. Gorbachev quizá perdió el poder por sus reformas, pero creó las bases para una sociedad más libre que se está construyendo lentamente.

SIN VEDA

En México los dos estarían en la cárcel o pagando multas enormes. Barack Obama y Mitt Romney, sin embargo, hicieron campaña ayer mientras se llevaban a cabo las votaciones por la Presidencia. En Estados Unidos no hay veda ni para las campañas ni para las encuestas. Pero nadie piensa que por eso el país sea menos democrático que México.

Oportunidades aquí, en vez de limosnearlas a los de allá

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Los mexicanos planteamos la exigencia de una reforma migratoria casi como si fuera un derecho natural que nos debiera ser automáticamente garantizado. Es decir, reclamamos, para esos millones de compatriotas que se han afincado ilegalmente en Estados Unidos (de América), reconocimiento pleno y todas las prerrogativas, seguridades y atenciones que son brindadas por el gobierno a los ciudadanos de origen en nuestro vecino país. Y esto, lo repito, como si el mero hecho de haberte establecido a escondidas en un lugar te hiciera merecedor de beneficios que, para empezar, no tienes en tu lugar de nacimiento y de los cuales, justamente, el Estadomexicano es quien hubiera debido responsabilizarse en un primer momento.

Esta condición de limosneros con garrote, con perdón, no termina de parecerme muy digna por más que entiendo perfectamente la realidad de esos individuos que se buscan, por sus pistolas, un mejor destino en una tierra más generosa o, por lo menos, con mayores posibilidades para vivir una existencia decente. Es más, es admirable el espíritu de toda esa gente y su enorme capacidad para no sólo afrontar, de inicio, las durezas del viaje clandestino hacia el norte sino, después, las no menos severas condiciones laborales que encaran cuando ya viven en esas comunidades de California, Illinois, Texas o Arizona desempeñado trabajos que, como dijo en su momento uno de nuestros clásicos, “ni los negros quieren hacer”.

Siempre he pensado que esa gente emprendedora y esforzada es de la mejor que tiene nuestro país y me parece una auténtica tragedia que no encuentre aquí, en su patria, las oportunidades que merece. Estamos hablando, más allá del drama familiar que significa el abandono del terruño, de una auténtica vergüenza nacional.

Pero, precisamente por eso no podemos trasladar las responsabilidades de manera tan tajante hacia unos terceros que, por más que se beneficien también de la mano de obra barata, tienen todo el derecho a salvaguardar sus fronteras y sus territorios. Pues eso.