noviembre 21, 2012

¿Por qué los mexicanos no quieren legalizar la mariguana?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

El conservadurismo va ganando en el tema de la legalización y regulación de las drogas en México.

En octubre de 2008, sólo 7% de los mexicanos estaba a favor de legalizar la mariguana. Este porcentaje subió a 17% en febrero de 2009 y a 26% en agosto de 2010. Había una clara tendencia al alza. Sin embargo, dos años después, para agosto de 2012, el porcentaje ha caído a 19 por ciento. En contraposición, 79% de los mexicanos dijo estar en contra de la legalización de la cannabis. Esto de acuerdo a los datos de la serie de encuestas en vivienda de Parametría.

La tendencia mexicana contrasta con lo que está ocurriendo en Estados Unidos. Según la larga serie de encuestas de Gallup, en 1996, 25% de los estadunidenses consideraba que la mariguana debía ser legal. En 2011 este porcentaje se había duplicado a 50 por ciento. Y, desde luego, en ese país hay diferencias importantes en los estados. Casi una veintena de ellos ya legalizaron la cannabis para uso medicinal y, hace unos pocos días, el electorado en Colorado y Washington votó a favor de su legalización con fines recreativos. La idea en esas entidades es que el consumo de la enervante hierba se trate de la misma forma que las bebidas alcohólicas, es decir, que su producción, distribución, comercialización, mercadotecnia y consumo sean lícitos, pero regulada de manera estricta por parte de las autoridades.

Soy de los que piensan que el consumo y la adicción a las drogas es un problema gravísimo de la sociedad de nuestros días. Además, creo que la política prohibicionista ha fracasado. No se ha logrado abatir ni el consumo ni la adicción a las drogas. Más aún, debido a la prohibición, la sociedad ha transferido una enorme cantidad de dinero al crimen organizado, lo cual ha incrementado su poder frente al Estado. En este sentido, estoy convencido de que tenemos que buscar nuevas soluciones de políticas públicas para resolver el problema. Una de ellas es la legalización y regulación de estos productos. Cobrar impuestos e invertirlos en políticas de educación y salud públicas para concientizar a la población del daño que hacen las drogas. Es lo que se ha hecho, con mucho éxito, para combatir al tabaco, una droga que mata. Gracias a esas políticas, no a la prohibición, el tabaquismo ha disminuido de manera importante en todo el mundo, incluido México.

¿Por qué la tendencia a favor de la legalización de la mariguana en México se ha revertido estos últimos dos años?

De acuerdo a la encuesta de Parametría, la mayoría de los mexicanos “cree que el hacer lícito el uso de la planta fomentará y acrecentará el consumo”. Muchos tienen miedo de que, al legalizar, habrá una estampida de drogadictos de clóset que saldrán corriendo a comprar mariguana. La misma encuesta, sin embargo, demuestra que nueve de cada diez personas no la consumiría aunque estuviera permitido por la ley. En otras palabras, la gente cree que sí subiría el consumo, pero no el de ellos.

La última encuesta de adicciones de 2011 levantada por las autoridades de salud demuestra que en México no tenemos un gran problema de incidencia, prevalencia o adicción de drogas ilegales incluida la mariguana. Comparativamente, nuestro país tiene un consumo muy bajo. Me atrevo a especular que, quizá por eso, la opinión pública piensa que la prohibición en México sí funciona. Otra hipótesis de por qué se opone la gente a la legalización y regulación es que no confían en que, una vez que la droga sea legal, las autoridades tengan la capacidad de regularla con eficacia.

En cualquier caso, deben realizarse estudios cuantitativos y cualitativos para entender por qué en México la gran mayoría de la gente rehúsa la legalización. Falta mucha información y, en esas situaciones, lo que prevalece son los prejuicios. Amén de que este gobierno se ha dedicado a lanzar toda una campaña propagandística diciendo que su guerra en contra del crimen organizado era para que la droga no llegara a nuestros hijos, como si eso fuera inminente, y ha despertado un gran miedo en la población.

Lo que es indudable, y así lo demuestran todas las encuestas, es que el conservadurismo va ganando en el tema de la legalización y regulación de las drogas en México. Los que estamos a favor de esta alternativa tenemos que dar la batalla en un debate que seguramente continuará.

Morena, a imagen y semejanza de AMLO

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Y, finalmente, Andrés Manuel López Obrador cumplió con su objetivo: un partido sin corrientes, sin liderazgos distintos al suyo, sin que tenga que luchar por imponer su línea. López Obrador completó este fin de semana uno de sus sueños políticos, el partido por el que estuvo trabajando prácticamente desde que perdió la elección de 2006 y el PRD no lo acompañó en la loca aventura de la presidencia legítima, que concluyó precisamente el mismo día que se creó Morena.

Los personajes que lo acompañan son los previsibles. No hay sorpresas. Martí Batres será el presidente formal del partido, mientras que el liderazgo lo tendrá Andrés Manuel. A él se han incorporado desde Alejandro Encinas hasta Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum y Laura Itzel Castillo; el equipo de López Obrador está en el Morena. Son también los hombres y las mujeres que no enfrentarán su línea y que lo consideran sin duda su líder. El concepto de Movimiento, en ese sentido, es nuevamente un objetivo largamente buscado: Andrés Manuel no cree en los partidos como tal y se siente mucho más cómodo en un movimiento sin condiciones estrictas. Habrá que ver en su paso por el TEPJF cómo puede cumplir con los compromisos legales y hasta qué punto lo hará.

Pero lo cierto es que Morena será ya una fuerza política real y competitiva. Y serán sus potenciales aliados los que tendrán que tomar decisiones: Morena y Andrés Manuel no se apartarán de su ruta y los demás, comenzando por el PRD, tendrán que definir hasta dónde quieren llegar con el Morena. Es verdad que el PRD, como ha dicho Jesús Zambrano, no se vaciará por la llegada del Morena. Pero también es verdad que mucho de eso dependerá de lo que suceda en la Asamblea Nacional del PRD, el 14 y el 15 de diciembre. Existen sectores como los ligados a Bejarano que están apostando por quedarse con la dirigencia del partido e influir desde el PRD para una alianza con las corrientes del Morena, hasta quienes quieren con claridad deslindarse de Andrés Manuel. En los hechos, el PRD no tiene más opción que ésa: deslindarse de su antiguo candidato, crear una ruta y unos liderazgos propios, nuevos, si no quiere desaparecer en la vorágine de esa nueva izquierda: el chantaje permanente al que estará expuesta su dirección será que al menor desacuerdo los disidentes, desde la izquierda, se irán con Morena, mientras que a la derecha tendrán, en las corrientes que ya trabajan con Peña Nieto, un espacio que los estará esperando.

No están mejor los partidos pequeños: el PT, que se ha alineado siempre con Andrés Manuel, deberá definir qué tipo de relación mantiene con Morena. Cuando anunció oficialmente su creación, López Obrador, en su discurso, no fue precisamente generoso con los partidos pequeños que tanto apostaron por él. En el caso del PT, incluso sus senadores y diputados están comprometidos, casi todos, con el nuevo movimiento. En lo que fue Convergencia, los costos pueden ser todavía mayores: ellos cambiaron hasta su nombre y emblema pensando que López Obrador los tomaría como estructura base para su nuevo partido. No fue así, al contrario, quedaron como novia de pueblo, vestidos y alborotados. Perdieron posiciones ya ganadas por el cambio de identidad e incluso su coordinador en el Congreso, Ricardo Monreal, es hoy uno de los líderes de Morena, como era previsible. Hoy la única posición importante de Movimiento Ciudadano es la presidencia municipal de Acapulco, con Luis Walton. Hay que recordar que en la toma de posesión de Walton, no estuvo siquiera López Obrador. ¿Qué harán el PT y el Movimiento Ciudadano? Les quedan pocas opciones: se incorporan a Morena y pierden toda identidad o buscan una alianza con el PRD y, en ambos casos, corren el peligro de perder, si son “vaciados” por sus ex aliados, el registro en 2015. No es, para ninguno de ellos, una situación sencilla.

En todo caso, la línea del Morena será la de radicalizar el escenario político y mantener vigente la figura de Andrés Manuel. El PRD, a eso, tendrá que contraponer la creación de figuras propias, y como hemos dicho en otras oportunidades, sus únicas opciones en la actualidad son, por una parte, Marcelo Ebrard; por la otra, su figura con más consenso ciudadano en estos momentos, que es Miguel Mancera (que por otra parte no puede aparecer como un líder partidario, porque no está ni siquiera afiliado al PRD) y, obviamente, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas que reflejan con su evidente diferencia generacional, la principal corriente histórica que dio origen al PRD, un cardenismo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

No tienen demasiado tiempo para decidir: en unos meses López Obrador configuró un partido a su imagen y semejanza, mientras que el PRD no lo ha logrado en 15 años. Hoy el PRD debe decidir qué imagen, qué rostro, quiere adquirir para sí mismo.

Jóvenes, guapos y… blancos

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

No hay nada más ajeno y más distante a las duras realidades de la existencia diaria que la machacona publicidad que nos recetan los anunciantes. Ah, y miren ustedes también la pinta que tienen todos esos sujetos, alegres consumidores de servicios y baratijas diversas: son todos jóvenes, guapos, desenfadados, esbeltos y… blancos.

No hay indios ni mestizos ahí, en las imágenes que miramos en esa llamada pantalla chica que cada vez es más grande —de hasta 80 pulgadas (olvídense, en estas mediciones, del sistema métrico decimal y adopten alegremente las añejas unidades de cálculo de nuestros no tan modernos vecinos del norte, prácticamente los únicos, en el mundo entero, que se resisten a computar las dimensiones físicas de nuestro entorno inmediato con el sencillo procedimiento, el de los metros, los litros y los kilos, que todos los demás habitantes de este planeta hemos adoptado para simplificarnos la vida), en el caso de las más costosas—, sino que la pueblan individuos de la especie estrictamente caucásicos, o como se llamen, que, con perdón, si bien existen y tienen todo el derecho a llevar sus vidas en santa paz en territorios nórdicos o australianos o británicos o neozelandeses, no son, ni lejanamente, la población mayoritaria de un país, el nuestro, ocupado por gente de tez morena, ojos negros, cabello negro y rasgos nada indoeuropeos sino, digamos, bien indoamericanos, si es que este término existe (y, si no, hay que inventarlo).

Pero es que además de guapos, de rubios y de jubilosos tienen una desenvoltura que ya hubiera yo querido exhibirla a sus años y, encima, parece ser que pueden agenciarse unos coches, unos teléfonos “inteligentes” y unas laptops que, justamente, los jóvenes del montón no pueden adquirir porque sus trabajos, si es que los tienen, no están bien pagados ni mucho menos.

Y frente a esas imágenes nos embobamos y luego, cuando se terminó la función en el cine o tras las publicidades del partido de fut, salimos atolondradamente a gastar la magra paga que nos toca. Digo…