noviembre 27, 2012

Balada catalana

Marcelino Perelló
Matemático
bruixa@prodigy.net.mx
Excélsior

Así pasa cuando sucede. Ayer finalmente tuvieron lugar en Cataluña los comicios legislativos y por ende presidenciales. Ya le expliqué, atento lector, que allá es el Parlamento el que elige al titular del Ejecutivo; lo que acostumbra llamarse “elección indirecta”.

Fueron convocados por el presidente Artur Mas, con dos años de anticipación. Esa es una de sus prerrogativas. Normalmente es una modalidad a la que se recurre para recobrar cierta estabilidad. Esta vez sin embargo fue más bien una medida de agitación y levantamiento.

Es decir, la agitación ya estaba en las calles, en la gente, y lo único que hizo el gobierno autónomo catalán fue responder a ella y darle cauce institucional. El presidente únicamente se sumó al clamor popular que exige la independencia del país frente al Estado español. No había de otra. De lo contrario la inquietud generalizada podía tomar otros caminos, menos tranquilos, digamos.

La reivindicación soberanista, “por un nuevo Estado en Europa”, había estado y está en un crescendo de vértigo ininterrumpido desde hace cuatro años cuando el Tribunal Constitucional español decidió modificar, a toro pasado, el Estatuto de Autonomía que había sido aprobado por el propio Parlamento catalán, por las Cortes y el Senado españoles y refrendado por el voto altamente mayoritario de la población de Cataluña en referéndum. Pues resulta que los venerables carcamanes tribunaleros decidieron pasarse por aquello que hace años ya no usan todos estos antecedentes y resolvieron corregirlo. Ellos sí saben. Y la armaron. Sólo a los gachupines les puede ocurrir algo semejante.

El estatuto “tribunalizado” negaba el título de Nación a la Cataluña (ya quedamos que allá es muy clara la diferencia entre “nación” y “Estado”, excepto para los carcamanes fosilizados en cuestión), anulaba la disposición que establecía el catalán como lengua obligatoria en la enseñanza y negaba otras muchas competencias que había conquistado el gobierno autónomo. Esa fue la chispa que encendió la mecha. Y cómo no había de hacerlo. El Parlamento Catalán respondió a la afrenta con dureza y elegancia, prohibiendo en su territorio las corridas de toros, auténtico emblema de la españolidad.

Y a los mesetarios recalcitrantes les ardió. Pos sí, para eso era. Para eso y para beneplácito de 90% de la población mundial, la española incluida. Así empezó la escalada en la elección de hace dos años, en la que los socialistas, sucursal del PSOE, perdieron la Presidencia a manos de Convergència i Unió, partido catalanista tímido, autonomista, y Mas fue elegido presidente. La confrontación con el gobierno español se fue dando en todos los planos.

El trasvase de las aguas del Ebro, la negativa al corredor litoral, al dominio de la red ferroviaria y de los aeropuertos, la interdicción casi total a los vuelos internacionales a y desde Barcelona, y en muchos otros aspectos, de los cuales no es el menor el deportivo, al cerrarse del todo a la posibilidad de selecciones catalanas, a la manera del Reino Unido, digamos.

La gota que derramó el vaso no fue gota, fue chorro. Y se trató, obvio, del actual desastre económico, eufemísticamente llamado “crisis”, tal vez no provocado pero sí acentuado y agravado por los malos manejos, por la corrupción y la irresponsabilidad de Madrid. Y la mayoría de cuyos platos rotos hubo de pagar la zona más rica del Estado, Cataluña, a la que los españoles, en nombre de la “solidaridad” forzada (patidifúsico concepto, reconocerá usted, ecuánime lector), no cesan de ordeñar. Para eso sí son buenos nuestros baturros. Para ordeña. De nuestra América también vivieron durante tres siglos. Así les va ahora.

Todo ello condujo a la actual coyuntura. Acusar de oportunismo y deslealtad a los catalanes, al echarles en cara que se aprovechan del mal trance por el que atraviesa España, es una soberana pendejada. Mal harían si no lo hicieran. Todas las grandes transformaciones históricas y políticas han acontecido en los momentos de debilitamiento del poder. Todas.

Cataluña no fue ni podía ser la excepción. La frase no pertenece a ningún catalán, sino al gran pensador e historiador británico Arnold J. Toynbee: “Es una inconsistencia grave mantener al pura sangre catalán atado al Rocinante español”. El descontento hizo germinar un organismo nuevo, transversal y popular, hace apenas un año: la Asamblea Nacional Catalana, ANC, que actualmente cuenta con casi 100 mil miembros y que es la que convocó a la gran manifestación, a la detonación independentista del pasado 11 de septiembre, que paralizó a la ciudad de Barcelona y congregó a dos millones de personas.

No fue, de ninguna manera, iniciativa del gobierno catalán ni de su presidente Artur Mas, como insisten en pregonar, disparándose en el pie, los políticos y los medios españoles y españolistas (son los mismos, coinciden todos y del todo). El gobierno Convergente hizo lo que tenía que hacer desde el punto de vista patriótico. Y obviamente queriendo capitalizar la gran movilización y liderarla, se quiso trepar en la cresta de la ola, pero se vio revolcado. Se le volteó el chirrión por el palito.

Esto ha pretendido ser fructificado, de manera ingenua y falaz por esos mismos políticos y medios madrileños —el peor de los cuales, que ya es decir, es El País, panfleto indecente, suripanta disfrazada de dama, de una hipocresía revoltante— al querer confundir a la opinión y presentar el tropiezo de Mas como una derrota del independentismo. Convergencia sí, perdió 12 curules, pero sigue teniendo más que los tres partidos españolistas juntos.

Es mi estimada Vica la que me hace llegar precisamente la nota de El País de ayer (eso es exactamente: el país de ayer, el del franquismo) que desvergonzadamente encabeza con: “Los catalanes desinflan el plan soberanista de Mas, según TV3”. Para empezar el canal público catalán TV3, en ningún momento afirmó eso ni nada parecido, y el colmo es que nunca aparece ni mencionado en la susodicha nota.

Lo más grave, sin embargo, es que, en primer lugar, ya quedamos que no es para nada “el plan de Mas”. El Presidente sólo se unió a la reivindicación social. Y nadie desinfló nada. En ese mismo tenor está el resto de la prensa y los noticieros españoles, al unísono. El verdadero titular debió ser, claramente el de que Mas, a pesar de haber perdido curules, ganó las elecciones y seguirá siendo presidente. Las opciones catalanistas: Convergència, Esquerra, Iniciativa, CUP y SI obtuvieron 87 diputados, mientras que las españolistas: PSOE, PP y Ciudadanos, 49. O sea que casi los doblan, en los dos sentidos de la palabra.

Perdió un escaño solamente Solidaritat Independentista. Convergencia arrostró dificultades atroces debidas íntegramente a la ansiedad acumulada mientras otros mejoraron aprovechando sinergias, vigentes incluso con anterioridad.

Los votantes, tanto los independentistas como los unionistas, a quienes castigaron fue a los tibios, Convergència en un caso y PSOE en el otro. Y se decantó por los radicales, Esquerra y CUP, los catalanistas que recogieron con creces el voto que perdió CiU. Los sufragios que abandonan al PSOE van a parar a los filofascistas de Ciudadanos. Es decir que el “plan soberanista” no sólo no se desinfló, sino que se vio innegablemente fortalecido y radicalizado. He ahí el quid: 87 piedritas en los hígados del Borbón, de Rajoy y de sus huestes neofalangistas. Por ello, mejor no mencionarlas.

Esta es la única lectura legítima. Al menos en una primera aproximación. La libertad de Cataluña no será esta tarde, es indiscutible. Pero que tendrá lugar pasado mañana, quedó más claro que nunca. La dulce, férrea y secular balada catalana continúa. Inexorable.

Elogio de la simulación

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

En los años de su esplendor sin sombra alguna, el PRI había logrado construir una ciudadanía que viera como natural que un diputado fuera rico, prepotente y empistolado. Ni siquiera trataban de disimular porque les parecía que para eso era el poder y los súbditos pensaban lo mismo, acostumbrados como estaban a la desmesura, la exhibición, la pistola en el cuadril. Eso nunca ha concluido, nomás cambió de siglas: ¿O no era Martí Batres, presidente de Morena por orden del dueño único quien vendía aquella leche Bety a los pobres, que no era leche y contenía excremento?

En un incidente confuso, el Departamento de Estado de EU solicitó a México la remoción del embajador mexicano ante la ONU, Porfirio Muñoz Ledo, acusado de romper con la culata de su pistola el parabrisas de un auto, en presencia del conductor, ciudadano estadunidense, porque estorbaba, en Nueva York, su área exclusiva de estacionamiento. Muñoz Ledo respondió que no había sido él, sino su chofer (Cambio de rumbo, Miguel de la Madrid y Alejandra Lajous, p. 421).

Acusación y defensa muestran al desnudo que la prepotencia comienza desde el chofer de un político, si hemos de creer a Muñoz Ledo, lo que no es fácil: el co-fundador de Morena cambia de chaqueta según el clima político, y un día es candidato presidencial por el PARM y otro se acomoda para levantar el brazo al triunfador Fox (y de paso tiene el suyo en alto… Oh, Freud). De eso esta hecho Morena.

Y en cuanto al aspecto que más se ha reprochado a Felipe Calderón, el empleo del Ejército y la Marina para combatir el crimen, dice el presidente De la Madrid: “Yo no niego que tengamos colas que nos pisen; lo he reconocido abiertamente frente a funcionarios norteamericanos, a quienes les he dicho lo difícil que me es trabajar en medio de la corrupción existente en las corporaciones policiacas. Sin embargo, no puedo aceptar que me hagan críticas y recriminaciones públicas, porque la necesidad de una renovación y un cambio han sido precisamente los postulados de mi gobierno (…)

“De manera que la pretensión de imponerme la remoción de Muñoz Ledo fue el punto a partir del cual decidí actuar, aun ante las dudas de la Cancillería mexicana, particularmente de Sepúlveda, sobre la veracidad de la defensa de Muñoz Ledo acerca de su incidente en Nueva York (…) corro el riesgo de que Muñoz Ledo me haya mentido, pues su temperamento excesivamente nervioso y su enorme autoestima me hacen dudar.”

Ah pa’ joyitas de Morena.