diciembre 03, 2012

Peña: el momento del poder

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

La estrategia fue la misma pero sólo cambió de lugar: pasó del recinto legislativo de San Lázaro, que hace seis años tenía sus puertas cerradas con cadenas, con bombas molotov dentro del recinto y con grupos realizando todo tipo de agresiones, a las calles del centro de la ciudad, donde grupos de provocadores que se identificaron como el 132 o como anarquistas y que simplemente son provocadores, trataron de ensuciar y llevar al límite de la violencia una transferencia de poderes que, por otra parte, se realizó con ejemplar civilidad. Que nadie se engañe: es la política y la estrategia del Morena, del lopezobradorismo, reflejada en la constante búsqueda de la víctima, del muerto del gobierno represor que escenificó sin ningún pudor en tribuna Ricardo Monreal.

La nueva administración deberá tomar en cuenta, registrar, la provocación. Porque lo que busca es romper la percepción de que no se puede cambiar las cosas; que se puede, como se dijo, romper mitos y paradigmas. El mayor enemigo que pueden tener esas oposiciones radicales es una agenda de cambios, un programa real contra la pobreza y una propuesta de unidad, una mano abierta a sus propios adversarios. Y eso es lo que propuso, en apretada síntesis, el presidente Peña Nieto en su toma de posesión.

Más allá del respeto de las formas, del contenido de las ceremonias, de las anécdotas, lo cierto es que el eje de lo propuesto por Peña Nieto el primero de diciembre se puede sintetizar en pocas líneas: un fuerte programa social, donde destaca, sobre todo, la llamada contra el hambre, un concepto muy similar al que aplicó al inicio de su gobierno el presidente Lula en Brasil (que a su vez había tomado elementos de Solidaridad y de Oportunidades para diseñarlo) combinado con un fuerte impulso a la inversión, el comercio y la producción en una sociedad económicamente abierta. Lo interesante de todo esto es que se comprometió a hacerlo presentando un presupuesto con déficit cero, o sea sin endeudarse. El esquema luce impecable desde ese ángulo pero requerirá un esfuerzo de imaginación política muy importante.

Pero en todo ello quedaría pendiente un capítulo central: qué hacer con la seguridad. Peña Nieto no fue muy explícito sobre el tema, pero la línea que seguirá, más que de los discursos, proviene de los nombramientos y las acciones. Las designaciones del general Salvador Cienfuegos en la Defensa y del almirante Vidal Soberón en la Marina Armada de México, implica no desconocer a las actuales cúpulas militares: los dos son hombres que pertenecieron a los más altos niveles de las mismas, que aplicarán seguramente sus propios enfoques, pero conservarán la continuidad estratégica. La llegada de Manuel Mondragón y Kalb le otorgará a la Seguridad Pública una línea más política, de mejor trato con la ciudadanía, pero se debe tomar nota que el doctor Mondragón, cuando tomó una policía capitalina en crisis por los hechos del New’s Divine, no llegó con la intención de comenzar de cero. Trabajó sobre la propia institución, con buena parte de los mismos mandos y elementos, y sobre ellos construyó una policía con más controles y sobre todo más eficiente. Hacer eso a nivel macro, a nivel federal, será difícil, pero lo importante es que no se caerá en la tentación de destruir lo realizado para iniciar algo nuevo. En ese sentido, el que Peña Nieto haya comenzado su discurso en Palacio Nacional dedicado a respaldar las distintas instituciones de la nación, adquiere otro sentido. Por eso también, aunque para muchos pueda parecer un tema demasiado retórico, la propuesta, que paradójicamente no abonaron en su momento los priistas, de contar con un código penal y de procedimientos penales únicos, puede servir para mejorar el sistema de justicia, para hacerlo más eficiente y abandonar ese nivel de 98 por ciento de impunidad de los delitos denunciados que debería avergonzarnos como sociedad.

Muchas veces hemos dicho que el problema no era, no es la estrategia de seguridad, sino la política de seguridad. Todo apunta a que con las distintas acciones que se emprenderán, se trata de corregir ese error sin arrojar el niño con el agua por la ventana. La lógica de las instituciones de seguridad seguirá operando, pero en un contexto diferente, donde el eje de muchas cosas terminará pasando, por lo que resulta más novedoso y sugestivo, si se concreta eficientemente, en el principal programa social del nuevo Presidente: la cruzada contra el hambre. Allí hay que poner la mirada.

Acabar con el México de dos velocidades o aprovechar la oportunidad histórica que se nos presenta no es, no puede ser en la actual circunstancia, sólo una suerte de declaración de principios: debe ser un verdadero programa de acción. Y debe serlo más porque realmente tenemos esa oportunidad histórica y no podemos desaprovecharla. Muchos menos perder el tiempo con provocadores.

El sembrador de odios

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Le consta al país entero porque aun los pobres tienen televisor: unas centenas de personas pacíficas en torno al Ángel de la Independencia escuchan con atención a López Obrador: desencajado, falto de aire, a frases entrecortadas: una Gorgona enloquecida a punto del infarto, acusa al nuevo gobierno de la República de estar, en ese preciso momento, “reprimiendo y golpeando estudiantes”. Su habilidad retórica, con una sola palabra, estudiantes, invoca el fantasma del 68: es un genio del mal.

Luego vemos la golpiza denunciada, y sí la hay: no más de 50 encapuchados están lanzando vigas enormes, bombas molotov, petardos, piedras con resortera, de todo contra una columna de policías inmóviles, resguardándose con una formación inventada por Alejandro Magno para resistir las lluvias de flechas enemigas: con escudos largos hacen una barrera al frente, la fila de atrás levanta sus escudos a 45 grados y una tercera los pone encima en posición horizontal. Y allí están, entre llamas de las molotov y proyectiles que penetran el caparazón de escudos.

¿Envió López Obrador a los agresores? Quizás no. Pero los envenenó con odio contra la imposición, ya no fraude por imposible, que se logró comprando a 20 millones de electores: 20 millones de mexicanos corruptos y, además, baratos, chafas, vendieron su dignidad ciudadana por una tarjeta con 200 pesos (en un país donde 110 millones de habitantes tienen 90 millones de teléfonos celulares), 5 mandiles, gorras, camisetas y un chivo “que anda por allí”, asentó el Notario Público también objeto de las furias jupiterinas de López porque, habiéndole pagado por levantar un listado abrumador de pruebas, dijo que le dijeron y la lista fue ridícula.

La gente escucha en silencio a su Caudillo. De nuevo “represión contra los estudiantes”, vocifera la Gorgona y la cabellera de serpientes se le agita. ¿Vio credenciales? No, pero es recurso retórico insuperable, astuto, artero: estudiantes golpeados oootra vez. Los estudiantes del YoSoy132 se deslindaron con un tuit de su sitio oficial: no eran ellos los agresores… Criaturitas… Y se fueron a tomar su choco-milk a casa. Corte y el hotel Hilton destrozado por no más de 40 jóvenes enmascarados: se ve lo joven por su agilidad para romper vidrios, vandalizar cafeterías, sucursales bancarias, Bellas Artes, Banco de México, hoteles. Van a su aire, eludiendo corretizas. Los de ropa negra pintan la A: anarco-vándalos. Un solo sujeto, uno, abolla con un garrote rematado en martillo todos y cada uno de los paneles al parecer de aluminio de una fachada: tranquilo, sereno, impasible, “pacífico”, los rompe todos. Policías heridos: 30. Anarcos: 10.

Démosle el beneficio de la duda a López Obrador: él no los envió. Pero tergiversó con gran habilidad retórica lo que todos veíamos. Envenenó con su cantaleta de la imposición sin pruebas a quienes agredieron policías en formación de firmes. Cuando una veintena parecía que iba a llegar a la barrera de escudos saltando las vallas de un metro escaso, desde atrás salían bombas lacrimógenas. ¡A fin una defensa! Y llamaron innecesarias e insultantes las vallas de dos metros, que luego se eliminaron: “¿Qué temen?”, preguntaban… Esto.

El Centro Histórico quedó inerme ante quienes aplicaron el mensaje del auto designado Apóstol (Mesías no, Apóstol sí), el lumpen, la carne de cañón del PRD, los anarcos y los furiosos con sus padres y los amargados porque no ven comenzar la guerra de los justos (Gustavo Hirales scripsit), los exasperados con el pueblo mexicano que vota por quien no debe: un centenar, dos, tres, pero destrozaron el centro de México, la recién remodelada Alameda, quemaron muebles, rompieron, golpearon. No se necesita mucha gente para eso. Las imágenes estuvieron en vivo: no llegaron a 500, pero eficaces.

Mientras tanto, a varios kilómetros de los enfrentamientos, el humo y las llamas, en el Ángel de la Independencia, la Gorgona enloquecida temblaba de santa ira por la agresión policiaca, por el pueblo comprado que le negó la Presidencia a cambio de un plato de lentejas, perdía el resuello, enrojecía, el dedito, chiquito pero flamígero, se agitaba al exigir renuncias por esa predicha vuelta del autoritarismo: “Los muchachos”, los llama Boba-boba pero Viva-viva, golpeando trabajadores humildes, como llamaba Pasolini, del PC italiano, a los policías.

(Que perdió el ojo el estudiante de la UACM herido por un petardo: la policía no dispara petardos, los llevaban sus compas).

Novedades: Otros días, otros años. Planeta 2008.