enero 23, 2013

Cassez y los vientos sexenales

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Hoy la Suprema Corte de Justicia de la Nación volverá a abordar el caso de Florence Cassez. Hay pocas dudas de que Florence, efectivamente, participó en el grupo de secuestradores que encabezaba su pareja Israel Vallarta. No es verdad que no haya sido identificada por sus víctimas (todas la han identificado), no es verdad que no haya sido identificada por sus cómplices (cinco de ellos, por separado y en distintos momentos, lo hicieron, el único que no ha querido declarar al respecto es Israel Vallarta).

Esto es lo que escribió Cristina Ríos, una de sus víctimas, es el testimonio que sus defensores no quieren ni ver ni oír.

“Mi nombre es Cristina Ríos Valladares y fui víctima de un secuestro, junto con mi esposo Raúl (liberado a las horas siguientes para conseguir el rescate) y mi hijo de entonces 11 años de edad. Desde ese día nuestra vida cambió totalmente. Hoy padecemos un exilio forzado por el miedo y la inseguridad. Mi familia está rota. Es indescriptible lo que mi hijo y yo vivimos del 19 de octubre de 2005 al 9 de diciembre del mismo año. Fueron 52 días de cautiverio en el que fui víctima de abuso sexual y, los tres, de tortura sicológica. El 9 de diciembre fuimos liberados en un operativo de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Acusados de nuestro secuestro fueron detenidos Israel Vallarta y Florence Cassez, esta última de origen francés, quien ahora se presenta como víctima de mi caso y no como cómplice del mismo. Desde nuestra liberación, mi familia y yo vivimos en el extranjero. No podemos regresar por miedo, pues el resto de la banda de secuestradores no ha sido detenida. Hasta nuestro refugio, pues no se puede llamar hogar a un lugar en el que hemos sido forzados (por la inseguridad) a vivir, nos llega la noticia de la sentencia de 96 años a la que ha sido merecedora Florence Cassez, la misma mujer cuya voz escuché innumerables ocasiones durante mi cautiverio, la misma voz de origen francés que me taladra hasta hoy los oídos, la misma voz que mi hijo reconoce como la de la mujer que le sacó sangre para enviarla a mi esposo, junto a una oreja que le harían creer que pertenecía al niño.

“Ahora escucho que Florence clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta, su novio y líder de la banda, que si volvía a meterse conmigo (entró sorpresivamente al cuarto y vio cuando me vejaba) se desquitaría en mi persona.

“Florence narra el 'calvario' de la cárcel, pero desde el penal ve a su familia, hace llamadas telefónicas, concede entrevistas de prensa y no teme cada segundo por su vida. No detallaré lo que es el verdadero infierno, es decir, el secuestro. Ni mi familia ni yo tenemos ánimo ni fuerzas para hacer una campaña mediática, diplomática y política (como la que ella y su familia están realizando) para lograr que el gobierno francés y la prensa nacional e internacional escuchen la otra versión, es decir, la palabra de las víctimas de la banda a la que pertenece la señora Cassez. Pero no deja de estremecernos la idea de que Florence, una secuestradora y no sólo novia de un secuestrador (con el que vivía en el mismo rancho y durante el mismo tiempo en el que permanecimos mi hijo y yo en cautiverio) ahora aparezca como víctima y luche para que se modifique su sentencia. Si lo logra o no, ya no nos corresponde a nosotros, aunque no deja de lastimarnos.”

Quién sabe qué decidirá la Suprema Corte en estos días y si escuchará el testimonio de la señora Ríos. Los vientos sexenales han cambiado y en esa lógica quedaría bien, parece ser políticamente correcto, dejarla en libertad. Me parecería un verdadero insulto para sus víctimas. Más allá de ello, quizás lo que proceda será reponer el proceso, hacerle a Florence un nuevo juicio. La pregunta es qué pruebas y testimonios se aceptarán. Si resulta que los testimonios de las víctimas y de sus propios cómplices se descalifican, el juicio será un simple trámite burocrático previo a su liberación. Mejor ahorrarse el dinero y la farsa.

Hablando de testimonios. Si se confirma que la PGR acepta que los dichos de dos testigos protegidos, entre ellos Sergio Villareal El Grande, el ex operador de los Beltrán Leyva, no pudieron ser confirmados por la propia Procuraduría Federal en el caso de los generales detenidos, en particular el general Tomás Ángeles Dauahare, no habría razón alguna para que éstos permanecieran detenidos. Es más, no debería haber habido ni siquiera un proceso. Los testigos protegidos son útiles y pueden hacer un enorme aporte en la lucha contra el narcotráfico pero, como ocurre en otros países, todos sus principales dichos deberían confrontarse con pruebas documentales que verifiquen sus dichos. Por sí solos no pueden ser un elemento determinante en un proceso.

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