enero 23, 2013

Más ciencia "chatarra"

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

La ciencia debiera estar a salvo de charlatanes. Pero no: los estafadores han logrado penetrar hasta su sanctasanctórum: las revistas académicas especializadas, en las que los investigadores publican sus trabajos y que son parte central de la producción de conocimiento científico. El riguroso proceso de arbitraje de dichos artículos es el corazón del control de calidad de la ciencia.

Tradicionalmente las revistas especializadas reciben manuscritos y los envían a árbitros expertos, que pueden pedir correcciones o rechazarlos. Si satisfacen los requisitos de calidad, son publicados. El costo se paga mediante suscripciones, a veces muy caras.

Pero el surgimiento de internet bajó el número de suscripciones, y aumentó costo de las revistas. Por ello surgió el movimiento de acceso libre (open access), en el que no se requiere suscripción, pues están gratuitamente en internet. Y son los autores quienes pagan un alto costo por publicar en la revista.

Ya hemos comentado aquí que se ha denunciado la chatarrización de las revistas de acceso libre, pues este sistema las tienta a publicar el mayor número posible de artículos, en detrimento de la calidad.

Pero hay algo peor: la corrupción. Como la evaluación de los científicos depende de la cantidad de artículos que publiquen (el famoso “publicar o morir”), han surgido muchísimas revistas científicas falsas, que publican cualquier artículo (incluso plagios) sin someterlo a un arbitraje riguroso, con tal que el autor pague. Así, esas revistas ganan dinero, y el investigador simula estar publicando ante evaluadores y patrones, y justifica así su sueldo.

Un reportaje publicado en el sitio SciDev.net señala que estas falsas revistas proliferan en países como India, Pakistán o China, y utilizan prácticas desleales para engañar a investigadores en todo el mundo. Como señalan varios expertos, urge un esfuerzo internacional para combatir esa ciencia chatarra y proteger la calidad académica de las verdaderas revistas científicas.

De otro modo, esta crisis puede llevar a una pérdida general de la credibilidad de la ciencia. En una época donde escasean los apoyos y florecen las seudociencias y charlatanerías, esto es lo que menos necesitamos.

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