enero 16, 2013

Paco Calderón


Un poco de civismo

Mauricio Merino
Investigador del CIDE
El Universal

Ofrezco una disculpa por el localismo de este artículo, pero hace tiempo que he venido percibiendo un incremento de los niveles de violencia e intolerancia en las calles de la ciudad de México. No me refiero al crimen organizado, ni a los delitos habituales que nos amenazan, sino al clima de incivilidad y encono que se vive al transitar sin más por las avenidas de la capital. Ese ambiente de incivilidad se ha convertido en un problema público y, sin embargo, el gobierno del DF no parece haber cobrado conciencia de su relevancia.

Encuentro por lo menos tres consecuencias directas de la incivilidad local: la primera es la violencia física, a secas. Apenas el domingo pasado el Reforma llevó a primera plana una nota titulada: “Matan a 13 en 18 horas en el DF”. No es fácil distinguir los móviles de cada uno de esos crímenes, pero los reporteros dan cuenta de la muerte de dos jóvenes de Iztapalapa luego de una riña callejera, de otro individuo asesinado a golpes en la Gustavo A. Madero, de un pleito en Las Águilas que desembocó en otro asesinato, de un individuo furioso que mató a tres empleados de un negocio en la colonia Renovación y de otro en la Venustiano Carranza que, tras discutir con ambulantes, disparó un arma y mató a una mujer. Todo eso, en 18 horas.

El pasado 24 de diciembre pude haber formado parte de esas estadísticas. Al salir del centro comercial Perisur, plagado de compradores navideños de último minuto, el conductor de un Mercedes Benz echó su coche encima del paso de peatones, donde íbamos a cruzar una decena de personas. No supe contenerme del reclamo y le grité: “¡este es un paso de peatones; hay que frenar el coche!” Y añadí (confieso): “¡Animal!”. Y eso bastó para que el individuo diera media vuelta y, con el acelerador a fondo, intentara arrollarme con su coche. Por fortuna, un joven alarmado que iba en el asiento del pasajero consiguió torcer el volante justo a tiempo para evitar mi muerte. Luego todos nos dispersamos y el episodio no pasó a mayores. Pero decidí entonces, con el aliento restaurado, no dejar pasar el tema, pues el ambiente de violencia no es trivial. La gente muere diariamente como consecuencia de ese encono.

El segundo efecto es el tránsito imposible. Desde hace años imagino la producción de un anuncio de televisión con tomas aéreas, en el que se pruebe el daño que puede causar un solo automóvil cuando bloquea deliberadamente el paso de otros, aun a sabiendas de que no podrá avanzar más de cuatro metros. Y lo mismo vale para casi todas las variantes del transporte público. Estoy seguro de que un poco de civismo aligeraría mucho más el tráfico de coches y personas que la construcción de otro segundo piso.

Y el tercero es la productividad. Es cierto que, dadas sus ventajas comparativas, la ciudad de México tiene los mejores índices de competitividad. Pero los negocios de toda índole mejorarían con creces si salir a los espacios públicos no implicara un riesgo cada vez mayor. Y tengo para mí que a estas consecuencias deben añadirse los costos de los accidentes, la pérdida de vidas que no consiguen llegar a un hospital en casos de emergencia y el caudal de dinero que se usa para incrementar las medidas de seguridad privada, en lugar de invertirlo en activos o capacitación.

Todo esto puede medirse y evaluarse. Pero quizás el efecto más extendido sea la segmentación violenta de la sociedad urbana. No digo nada nuevo: sabemos que en las metrópolis más desiguales la gente vive toda junta, pero no convive en armonía. Pero también sabemos que solamente los gobiernos locales pueden producir políticas deliberadas para contrarrestar ese mal de nuestro tiempo. La ausencia de una política explícita de convivencia y de civismo, agravada además por la corrupción y por la impunidad, hace de la calle la encarnación de la guerra de todos contra todos, como ya sucede en cientos de barrios de nuestra capital.

Ya que también estamos estrenando gobierno en el DF, no estaría de más insistir en que el civismo —cuya raíz es la misma de civil, civilidad y convivencia en la ciudad— forme parte de los planes inmediatos para la capital. Y más vale hacerlo pronto, porque esa otra forma de violencia no se ataja sacando al ejército a las calles ni sumando policías, sino construyendo una conciencia compartida.

México, uno de los países en el radar

Leo Zuckermann
(@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

La nueva Revolución Industrial en las naciones emergentes cambiará el rostro de sus economías, incluyendo desde luego a México.

Interesantísimo el reporte de la consultora internacional McKinsey titulado “Ganando el decatlón de los $30 billones de dólares: ir por el oro en los mercados emergentes” (se utiliza “billón” en su definición española, es decir, un millón de millones). Los números son verdaderamente impresionantes y la buena noticia es que México será uno de los países en donde ocurra una nueva revolución del capitalismo mundial.Dice el reporte de McKinsey (disponible en www.mckinsey.com/features/30_trillion_decathlon) que “para el 2025, el consumo anual en los mercados emergentes alcanzará los 30 billones de dólares, —la mayor oportunidad de crecimiento en la historia del capitalismo—”. Estamos hablando de una transformación económica sin precedentes en la historia:“La Revolución Industrial original, ocurrida a la mitad del siglo XVIII, se tardó dos siglos en alcanzar su fuerza completa. Gran Bretaña, el lugar de nacimiento de esta Revolución, requirió 150 años en doblar el producto económico per cápita; en Estados Unidos, el lugar de la segunda etapa de la Revolución, doblar el PIB per cápita se tardó más de 50 años. Un siglo después, cuando China e India se industrializaron, las dos naciones doblaron su PIB por cápita en 12 y 16 años, respectivamente. Más aún, Gran Bretaña y Estados Unidos comenzaron su industrialización con poblaciones de cerca de diez millones, mientras que China e India empezaron su despegue económico con poblaciones de aproximadamente mil millones. De esta forma, las dos economías emergentes están experimentando alrededor de diez veces la aceleración económica de la Revolución Industrial en una escala cien veces mayor —resultando en una fuerza económica que es mil veces más grande—”.Ahora bien, el dinamismo económico mundial no sólo lo imprimirán China e India: “en un periodo de 15 años —reporta McKinsey— 57% de los casi mil millones de hogares con ingresos mayores a 20 mil dólares al año vivirán en los países en vías de desarrollo. Se espera que siete economías emergentes —China, India, Brasil, México, Rusia, Turquía e Indonesia— contribuyan con alrededor de 45% del crecimiento del Producto Interno Bruto mundial en la próxima década”.Esto necesariamente implica un cambio en las reglas del juego del capitalismo mundial. Las grandes empresas multinacionales tendrán que ir a “competir por este premio” para lo cual, según McKinsey, tendrán que “dominar diez disciplinas claves” que explican en el documento en cuestión.La nueva Revolución Industrial en los países emergentes cambiará el rostro de las economías de estos países, incluyendo desde luego a México. Habrá ganadores y perdedores. En el sector comercial, por ejemplo, la expansión de las grandes cadenas con toda seguridad perjudicará a las pequeñas tiendas familiares, pero beneficiará a los consumidores por una caída de precios. Al respecto, dice McKinsey:“Las grandes cadenas de ventas al menudeo están en marcha en América Latina: sus ventas alcanzan casi tres cuartas partes de las ventas totales en Brasil y Chile, y la mitad en México, donde hay más de siete mil 500 tiendas de conveniencia modernas; sólo Walmart presume más de 15 mil millones de dólares en la región y consistentemente ha incrementado sus ingresos a tasas anuales de doble dígitos altos. Las tiendas al menudeo tradicionales y modernas ya chocaron en los grandes mercados urbanos. En la medida en que estos mercados se han saturado, las grandes cadenas se arriesgan en ciudades más pequeñas, vecindarios más pobres y áreas rurales donde predominan las tienditas familiares. Los resultados en todos lados son iguales: los ingresos y las utilidades van a la baja. Las ventas en los puntos tradicionales han caído —por ejemplo en 3% al año en México—”.Un nuevo mundo está naciendo y México es uno de los países que están en el radar económico global. Es una oportunidad extraordinaria que sin duda debemos aprovechar.

¿Por qué el miedo al Dragon Mart?

Julio Serrano
Apuntes Financieros
Milenio

Gran controversia ha causado, y ni siquiera se ha construido. Las principales asociaciones empresariales del país lo han calificado de amenaza para los comerciantes nacionales y han anticipado que traerá “triangulación, subvaluación… contrabando y prácticas ilegales”. Hay todo un operativo de cabildeo político para evitar que se convierta en realidad.

Dragon Mart, un proyecto inmobiliario que se piensa construir en Cancún para exhibir de manera permanente productos chinos, ha provocado pavor entre varios grupos de empresarios. Y pese a que entiendo la postura de estos grupos opositores, considero que subestiman la capacidad de los mexicanos de competir con cualquiera, incluyendo a los chinos.

La reacción de los empresarios que se oponen al Dragon Mart es, de cierta manera, normal. Ante una amenaza competitiva, es natural querer suprimirla a como dé lugar antes de que se materialice. Algunas de las objeciones que han presentado incluso podrían ser válidas. Habrá que cerciorarse que el proyecto cumple con todos los criterios legales y ambientales necesarios. Pero muchas de las críticas parecen infundadas, guiadas más por el miedo a la competencia que por argumentos legítimos.

Esta actitud me recuerda a la de muchos empresarios cuando entró en vigor en 1994 el Tratado de Libre Comercio y, más recientemente ante la creciente preponderancia comercial de China en la arena mundial durante la última década. En ambos casos el temor inicial resultó infundado y México logró sortear exitosamente los retos.

Los ajustes siempre son dolorosos, y siempre habrá perdedores en la transición, pero nuestro país ha demostrado una y otra vez que puede competir con cualquiera. El caso reciente de China es ilustrativo. Cuando China desplazó a México como segundo exportador a Estados Unidos a principios de la década pasada, las campanas de alarma se hicieron sonar. Los salarios de los chinos eran de una cuarta parte de los de los mexicanos. Los subsidios del gobierno del gigante asiático a sus empresas nos iban a abrumar. ¿Cómo íbamos a competir?

Pues resulta que hoy nuestro país es más barato que China para fabricar gran parte de los productos que consume el mercado estadunidense. Y nuestra competitividad está en aumento. Algunos estudios apuntan a que México no solo rebasará en cinco años a China en la tabla de exportadores a EU, sino que se ubicará hasta arriba.

El caso de Dragon Mart, me parece, será similar. En unos años, en caso de concretarse el proyecto, el miedo actual demostrará haber sido infundado.