junio 14, 2013

El PAN de mañana

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Ex presidente nacional del PAN

“Que las verdades no tengan complejos,que las mentiras parezcan mentiras,que no te den la razón los espejos …”
Joaquín Sabina

Hace algunas semanas eclosionó una nueva crisis en el PAN. Quedó a la vista un complicado entramado de añejos problemas.En mi colaboración anterior (Amasar el nuevo PAN, 31/V/13) hice recuento de conflictos panistas en décadas anteriores. La institución salió de aquellas crisis con un nuevo vigor, lista para encarar nuevos retos y alcanzar mayores triunfos. Fue así porque a pesar de lo desgarrador de las confrontaciones y el dolor por el desencuentro entre compañeros, nunca estuvo en duda la decencia de los protagonistas.

En la crisis de ahora hay ingredientes que no estuvieron presentes en las otras. Estos males cancerosos deberán ser extirpados de las entrañas del PAN para poder regresar con la cara en alto a la plaza pública. Estoy seguro de que son mayoría los militantes blanquiazules que desean reedificar un partido digno y valiente. En ello finco mi esperanza para que de este trance el PAN emerja, una vez más, como el mejor partido de México. Enumero algunos de los síntomas patológicos que nos aquejan:

Tribalización. La “onda grupera” hizo su aparición en los comités panistas al calor de la conquista de alcaldías, gubernaturas y la administración federal. Luego degeneró en la multiplicación de tribus reclutadas con el poder de la nómina burocrática y la afiliación clientelista para asegurar votos en las asambleas y en los procesos electivos de candidaturas, para controlar consejos y comités. Se atentó contra el concepto de militancia libre, convencida y comprometida con los principios, lo que había sido siempre nuestra mayor fortaleza y nos diferenciaba del corporativismo practicado en otros partidos.

Desinstitucionalización. El imperio de las tribus debilitó la vida institucional. Los órganos de dirección y de deliberación dejaron de ser ámbito de comunicación, foro de debate y el espacio legítimo para definir la estrategia del partido. Todo se volvió negociación entre grupos. Los argumentos e ideas fueron sustituidos por intereses. Se debilitó la línea de mando hacia dirigentes locales, funcionarios y legisladores: el camino para que la tribu más inmoral convierta a la institución en una franquicia al alcance del mejor postor.

Desfiguración. El apetito desordenado por ganar elecciones, al que Efraín González Luna llamó “neurosis de la escaramuza”, impulsó la postulación de candidatos que son la antítesis de los valores cívicos del PAN. A menudo no se cuida la congruencia y coherencia debida entre candidato y partido. Con el criterio de preferir “al mejor posicionado en los sondeos”, sin detenerse a examinar cómo llegan esas personas a obtener la supuesta popularidad, abanderamos ex priístas, que de inmediato introdujeron sus métodos.

El PAN de mañana debe sanar de estos males. Los vamos superar recobrando la capacidad para imaginar el futuro. Restituyéndole al PAN su identidad, rechazando la tendencia a convertirnos en una mala copia del PRI. Para ello debemos reedificar las estructuras que se encuentran colapsadas liberándolas del tribalismo y tejer nuevas alianzas sociales no exclusivamente electorales.

Vamos a ganar las elecciones si imaginamos un partido y un México diferente con visión de futuro, capaz de hacer vibrar las almas del siglo XXI sin acarreos de falsos simpatizantes, sin pagar a nuestros activistas y representantes de casillas. Si actualizamos nuestro mensaje e innovamos las formas de participación con nuevas tecnologías.

Cuando triunfamos fuimos claramente ante los electores el partido de la libertad y de la familia, la fuerza de la democracia, el ejemplo de la política como servicio, no como negocio o vehículo de enriquecimiento. El PAN de mañana será propiedad de los ciudadanos, no de sus tribus. El PAN que volverá a ganar no será autorreferencial y rechazará valientemente la hipocresía, que es el lenguaje de los corruptos.